Seguramente, miente.
Publica el diario El Mundo en su edición del 4 de febrero un artículo de Juan Antonio Herrero Brasas, profesor de Ética Social en el departamento de Estudios de Religión de la Universidad del Estado de California en Northridge, que bajo el nombre de Dios probablemente existe desgrana, con más pena que gloria, una serie de argumentos, por llamarlos de alguna manera, que paso a rebatirle. Y la verdad, con bastante facilidad, y no por mérito propio, sino por la pobreza argumental del Sr. Brasas. Que parece mentira que haya logrado una plaza en la universidad de California con este nivel de razonamiento.Comienza su artículo mencionando que el “conocido filósofo ateo” Antony Flew se ha convertido. ¿Y? Este hecho no aporta nada a la idea de que hay o deja de haber Dios. Si antes sus argumentos no eran considerados por los creyentes, ¿por qué ahora, cuando se convierte, adquieren un valor demostrativo de la agudeza de su pensamiento? ¿Será porque el creyente Brasas sólo coge lo que le interesa, cuando le interesa y cómo le interesa? No seré yo quien critique al conocido filósofo por cambiar de idea. Es algo que los laicos venimos defendiendo desde hace siglos: la libertad de pensamiento. Algo que los creyentes han perseguido históricamente. Aún hoy es delito mortal cambiar de religión en países como Irán o Arabia Saudi o Afganistán. Y no digo nada ser ateo. Es que te lapidan. En el cristianismo a los ateos los quemaban en la hoguera. Ahora, a los “intransigentes” laicos nos da igual si el bueno de Antony cree o deja de creer. Ya se sabe que en la ancianidad algunos chochean, como Gustavo Bueno.
En el mismo paquete argumental mete a Einstein y su famosa y manipulada frase por creyentes como el Sr. Brasas de que “Dios no juega a los dados”; para afirmar, mentirosamente, que Eisntein creía en Dios. Ha cogido una frase fuera de contexto para retorcer el pensamiento de Einstein, no sé si por ignorancia, algo imperdonable en un profesor de tan importante universidad, o por tendenciosidad. Probablemente por lo segundo. Lo que nos descubre la deshonestidad intelectual del Sr. Brasas.
Lo cierto es que esta frase de Einstein fue fruto de una discusión sobre física cuántica que mantuvo en 1925 con Erwin Schröndiger, Nihls Bohr y otros. En esa ocasión Einstein criticaba la ecuación que su colega había desarrollado partiendo de Broglie sobre la variante probabilística a la hora de localizar la posición de una onda, ya que para unas mismas condiciones, la ecuación podría dar dos resultados diferentes, es decir, dos posiciones distintas para una misma onda. Lo que nos lleva a la teoría de indeterminación de Heisenberg. Y en esta situación Albert le dijo al bueno de Erwin que se dejase de entelequias y que se fijara en las leyes universales de la física. La entelequia era “Dios”, y que lo que sucede en el universo no es cuestión del deseo azaroso de alguien que “juega a los dados”, sino que está predeterminado por leyes inexorables. Otra cosa es que no las conozcamos todas.
Pero ni Schröndiger ni Einstein hablaban de creencias religiosas y el meter la palabra dios por medio en la discusión fue un sarcasmo de Einstein, al que Bohr, alineado con las posiciones de Schröndiger en cuanto a física cuántica, le repuso con sorna “Deja de decir a Dios lo que tiene que hacer con el dichoso dado”. Y después se fueron de copas.
Mucho tiempo después Stephen Hawking se “sumó” a aquella discusión añadiendo que “Dios no sólo no juega a los dados, sino que a veces los lanza donde no podemos verlos”. Pero con esto hace referencia a la teoría del caos, tan ligada a la cuántica. ¿Será Hawking creyente? Ha dicho: Dios. Y además le llama “jugador empedernido”. Que falta de respeto.
Y de aquella humorada los creyentes han tergiversado la historia para contarnos la milonga de que Einstein creía en Dios. Algo absolutamente irrelevante para su brillante desarrollo teórico en física, pero que además es mentira.
En la correspondencia publicada de Einstein se puede leer en 1954 "Era, por supuesto, mentira lo que se lee sobre mis convicciones religiosas, una mentira que se está repitiendo sistemáticamente. No creo en un Dios personal y nunca he negado esto, sino que lo he expresado claramente, Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración de la estructura del mundo en la medida en que la puede revelar nuestra ciencia".
Y en otra carta al filósofo Eric Gutkind, en enero de ese mismo año: "La palabra dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto..."
Y sobre su condición de judío escribía en otra carta: "Para mí, la religión judía, como todas las demás, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío al cual pertenezco con gusto y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad no tiene ninguna cualidad distinta para mí que todos los demás pueblos. En la medida de mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, aunque están protegidos de los peores cánceres por una falta de poder. Por lo demás, no puedo ver nada 'elegido' en ellos."
Así que, Sr. Brasas, un poquito de seriedad en las citas. Aunque viniendo de donde viene, ¿qué se podía esperar?
Luego la emprende con el “argumento cosmológico”, y aquí, en serio os lo digo, estuve tentado de dejar de leer. Cómo es posible que todavía haya quien saque este argumento y pretenda ser profesor universitario. Es de expediente fulminante.
El tal argumento es el nuevo ropaje con el que se camuflan las “cinco vía de santo Tomás de Aquino.” Escolástica en estado puro. Algo de museo. Como con su denominación original se reirían de él hasta los bedeles, lo llaman “Argumento cosmológico”, que es más fashion y puede volver a colarlo de matute. Es como lo del “Diseño inteligente” para rebatir la teoría de la Evolución. De risa.
Como las limitaciones de las cinco vías son ampliamente conocidas no insistiré más en este punto. No merece la pena. Salvo que alguno quiera resucitar polémicas que ya quedaron resueltas en el XVII.
Continúa el artículo con otras afirmaciones gratuitas, como que la física tiene leyes arbitrarias. Se ve que es de letras y lo de la física cuántica no lo acaba de asimilar. Quiere hacernos comulgar con ruedas de molino, y como él, y cualquiera sabe, que la física actual no puede explicar al cien por cien todas las situaciones del universo atómico y subatómico, nos mete de rondón el que Dios existe. Es decir, que si no sabemos algo, es que Dios existe. Pues vale. Si eso le tranquiliza intelectualmente es que se conforma con muy poco. Debiera darse un paseo por algún manual de física elemental moderno y leer algo sobre la Teoría de campos unificada. Se evitaría decir algunas tonterías.
Donde se cubre de gloria es en el ejemplo del cerebro y el pensamiento con su analogía de internet. Da tales saltos entre pensamiento, lógica booleana (la que usa Google en sus búsquedas, por ejemplo) y alma, que se siente vértigo al leerlo. Es un totum revolotum de analogías bastantes pedestres. Este punto necesitaría un capítulo íntegro, así que aquí lo dejo, pero si alguno se anima a debatirlo, como en el caso de las vías de Tomás de Aquino, le espero.
Y por último, y por no enrollarme más, se despacha afirmando que Dawkins hace afirmaciones disparatadas. ¿Más que las suyas? Imposible. Y ya puestos a afirmar, ¿por qué no nos ha puesto algún ejemplo que ilustre esa afirmación? Quedaría tan bien. O, ¿es que no las encuentra, a lo mejor porque no lo ha leído y habla de oídas? Como cuando afirma que la “militancia científica [atea] conduce a ignorar, o incluso falsear, datos y eventos que constituyen un reto al conocimiento científico.” ¿Sí? Por favor, algún ejemplo. Porque de cómo él falsea una cita de Einstein para hacerle decir lo que nunca dijo sí que tenemos constancia en el artículo de marras.
O de cómo los creyentes han quemado libros por ser heréticos o llevado a la hoguera a científicos o les han obligado a renegar de sus teorías -verdad Galileo-, sí tenemos noticias; o de cómo se han opuesto al avance científico, como cuando el concilio de Le Mans, en 1248, prohibió la cirugía a los cristianos, porque era practicada mayoritariamente por judíos y musulmanes; o como cuando Vesalio tuvo que dedicar su De humani corporis fabrica al emperador Carlos V porque corría el peligro de ir a la hoguera, ya que la Iglesia prohibía la disección; o como cuando se condenó a Jenner por la iglesia católica por introducir la vacuna de la viruela, de tal modo que en 1885 se produjo un brote de viruela en Montreal; y mientras en los barrios protestantes se vacunó a la población, y el número de muertes fue muy escaso. En los barrios católicos, se prohibió la vacunación, diciéndose en las iglesias a los aterrorizados fieles que la causa de aquella mortalidad selectiva era el carnaval que habían celebrado el año anterior, ofendiendo al Señor con el pecado de la carne; o como cuando se opuso al uso de la anestesia en los partos y se acusó a su descubridor, James Y. Simpson, de incumplir el mandato divino de que las mujeres parieran con dolor; o como cuando se opone a la investigación con células madre que podrían salvar miles de vidas de enfermos hoy incurables.
La miseria de la creencia religiosa que el Sr. Brasas representa sí que es un caso de ignorancia, y criminal. Y hasta la fecha ninguna religión se ha disculpado por ello ni hecho la más mínima autocrítica o acto de contrición.

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