El raciocinio de los jueces
El CGPJ desestima la sanción impuesta a una juez que se negaba a inscribir los matrimonios homosexuales; pone una multa de 1.500 € al juez que no dictó sentencia y fue motivo de que el sentenciado no acabara en la cárcel y presuntamente asesinara a una niña o sanciona con 7.500 € a un juez por abuso y falta de higiene.Éstas son algunas de la perlas con que los jueces responsables de velar por la calidad del sistema judicial nos regalan.
Algunos hablan de corporativismo, pero a mí me da la impresión de que es algo más serio: una alteración del intelecto. Una patología de apreciación de la realidad objetiva, por la que los actos punibles de los jueces son minusvalorados y los del resto de los ciudadanos son sobredimensionados. Es una especia de esquizofrenia.
Los pilotos de aerolíneas, los controladores aéreos, los conductores, los que tienen un permiso de armas,… deben pasar pruebas de aptitud mental para mantener o renovar su licencia. ¿Por qué no los jueces?
El CGPJ ha jubilado de forma forzosa en los últimos años a 26 jueces del total de 3.000 que hay en la judicatura por el manifiesto deterioro de sus facultades mentales. Algo imprescindible para enjuiciar y motivar racionalmente las sentencias.
Que un juez sea incapacitado en sus funciones es potestad del CGPJ por la Ley Orgánica del Poder Judicial, pero en la práctica, y a falta de un reglamento exacto, la dificultad legal para hacerlo es muy grande. Las tiene que hacer “cuadradas” un juez para que se llegue a esa decisión. Como la del juez de primera instancia de Castilla y León que se declaró licenciado en psicología –sin serlo- para que un juicio por divorcio él mismo practicara la exploración de una menor para dictaminar a que parte entregaba la custodia.
En esos casos la situación es tan sangrante que hasta el más reacio de los forenses dictamina el desequilibrio del juez. Pero qué pasa cuando un juez deja decenas de casos sin resolver por años o determina el ingreso en prisión sin motivar el por qué o juzgan en casos en los que su historia personal está involucrada, como el caso de un juez que pierde un familiar en un accidente de tráfico por alcohol de la otra parte, y le toca ver una causa por ese mismo motivo tiempo después.
Los jueces, como cualquiera de nosotros, no está libre de sufrir un trastorno intelectual, y en su caso es especialmente grave. Porque de ese trastorno se puede derivar consecuencias muy serias.

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