Eluana
Hay un chiste que dice que la medicina ha avanzado tanto que es imposible salir de un examen médico sin que te encuentren algo.Esos avances han salvado millones de vidas: neonatos que con sólo 800 gr., salen adelante, transplantados de riñón, hígado, corazón… que pueden llevar una vida normal. Pero lo que es un avance, motivo de alivio y chiste para millones de personas, se convierte en ocasiones en tragedia para otros.
Eluana se mató hace 17 años. Los médicos, cumpliendo con su deber, intentaron conservar el último aliento y esperanza que cabía aplicando todo lo que su conocimiento y la técnica les permitía. Y ¿triunfaron? La familia también esperaba un milagro. Lo esperaron durante ¿días, semanas, meses, años…? Al final nada de lo hecho ha servido para que Eluana haya salido de su estado vegetativo.
Eluana está muerta. Su familia lo sabe. Los médicos lo saben. Todos lo sabemos. Sin la ventilación asistida, sin la alimentación por sonda, sin el controlador cardiaco no habría vida, por extraña que resulte esta palabra en esas circunstancias.
En su actual situación sólo cabe esperar que el organismo de una mujer con 17 años de inmovilidad absoluta y bajo mínimos se vaya deteriorando hasta que ni la mejor de las tecnologías logre dar una chispa de vida a la menor de sus células. Es de una crueldad repugnante.
A Eluana ya nada le afecta. Murió hace 17 años. Pero su familia no puede cerrar su duelo porque la intransigencia de un gobierno, dirigido por uno de los más corruptos de los políticos italianos, y una iglesia regodeándose en el camino del dolor expiatorio, ha levantado una campaña contra lo que es una medida de humanidad elemental: dejar que una familia entierre a su hija y haga el duelo.
La hipocresía de Ratzinger y de Berlusconi dan asco.

<< Home