Oligopolio
Cuando los máximos responsables de las grandes empresas se reúnen para hablar de “sus cosas” ya sabemos quién va a pagar los gastos de sus opíparas comidas: los clientes.Los oligopolios tienden a crear reglas de competencia ficticias en las que todo está diseñado al milímetro para controlar el comportamiento del ciudadano. Los mecanismos de reparto de cuotas de mercado o de segmentos de población están pactados al detalle. Nadie, salvo que se aísle como Robinson Crusoe, puede escapar a esas reglas. Si quiere tener teléfono, o ADSL, o luz, o gas en su casa entrará en una maraña tan complicada de ofertas y contraofertas, aparentemente distintas, que al final se quedará como está: preso de la empresa dominante en esa área geográfica.
Cuando se reúnen los presidentes de las grandes corporaciones para pactar en secreto el precio de la energía, de los vuelos o de los alimentos básicos los mecanismos de defensa de la competencia mundial se movilizan para atajar semejantes sinvergonzonadas en cuanto se enteran.
Si en un mundo globalizado también se globalizan las estrategias; y si lo que se muestra como eficaz para vender hamburguesas también puede serlo para vender camisas. ¿Por qué no aplicarlo a la religión?
Algo así han debido de pensar los CEO de las tres grandes religiones monoteístas, que en esta aventura han liado, para hacer bulto, a los empresarios de otras religiones menores como budistas, evangélicos u ortodoxos, sin olvidar a los exóticos sintoistas, en Madrid, en esta semana.
En la titulada Conferencia Internacional para el Diálogo que el rey de Arabia Saudí, Abdalá Bin Abdulaziz Al-Saud, uno de los déspotas de Oriente próximo, anunció en la Conferencia Islámica Internacional para el Diálogo celebrada a finales de mayo pasado en La Meca, se celebrará en Madrid del 16 al 18 de julio, reunirá a una buena representación de los charlatanes más relevantes que hoy corren por el mundo.
A tan magna ocasión se han apuntado los reyes de España y de Arabia Saudí y el secretario general de la Liga del Mundo Islámico (LMI), Abdullah Ibn Abdul Mohsin Al-Turki. También participa Jorge Sampaio, ex presidente de la República de Portugal y desde 2007 Alto Representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones. Ésa vacua idea de Rodríguez Zapatero que no termina de arrancar, pero que al que le sirve -esta reunión- para darle un poquito de aire y de paso enfangarse aún más en ese despropósito de unir cultura y religión como un único fenómeno sin alternativa posible.
La reunión de estos prebostes del dogma se cobija bajo el paraguas del pluralismo y el diálogo religioso. Que paradoja. Que importa que unos y otros anatematicen a diestro, poco, y siniestro, siempre, cualquier idea de libertad de pensamiento por evidente que sea. Aquéllos, los dueños de la Verdad Absoluta han descubierto las leyes del mercado y en el escenario de Madrid están dispuestos a presentar la temporada otoño-verdad, invierno-eternidad, que se llevarán en los próximos tiempos.
No esta en la agenda de esta pasarela Cibeles de la intolerancia el firmar la Declaración Universal de los Derechos Humanos por el Estado Vaticano, ni el aceptar a la mujer como persona en Arabia Saudi o en condenar la infibulación o a la pena de muerte…, esas minucias se las dejarán a los intolerantes de los librepensadores, ateos y laicos que tanta bulla meten con ello y tan lejos les cae a estos dignos representantes de los dioses en la Tierra.
"Los profetas son hermanos, con diferentes madres pero una sola religión", proclamó el rey Abdalá en La Meca. Es decir; el mercado es uno y muchos sus distribuidores. No nos peleemos por la tarta que hay para todos si nos organizamos bien. El peligro para el mercado-religión no está en el otro proveedor, sino en el que rompe las reglas del mercado y niega la mayor: que sea necesario el consumo del producto.
Ya lo avisaron Marx y Engles “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes...”. Hoy el fantasma es el laicismo: es más universal y ante él se alían los papas y polizontes morales de todo el mundo.
No sería nada extraño que llegasen a una declaración conjunta de buenos deseos para la paz y el futuro del mundo, para a continuación regresar a sus respectivos palacios a negar, una vez más, la libertad de pensamiento, los derechos más elementales a millones de personas y a hacerse cómplices de las miserias de un sistema basado en la explotación de los recursos y de los más pobres de los países del tercer mundo para mantener un despilfarro suicida en el plantea.
La religión va entendiendo las ventajas del mercado; sus CEO la oportunidad de pactar sus estrategias; sus seguidores la eficacia de aplicar las herramientas de marketing; y a los ciudadanos en general sólo les quedará protegerse con una buena dosis de escepticismo de las andanadas de hermandad y armonía conciliar que les espera; y a los ateos prepararnos para ser señalados como los nuevos culpables de todos los males pasados, presentes y futuros.

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