Tocado y hundido
Dicen los que saben, que en el Grupo Parlamentario Popular se habla abiertamente del final de Rajoy. Que está noqueado y sin apoyos, salvo el que le presta una fiel Sainz de Santamaría. Lo que empezó siendo una trama muy sucia de espionaje a lo Mortadelo y Filemón entre los eternos eneamigos Esperanza y Alberto se ha complicado con la trama de corrupción municipal y autonómica que algunos concejales del PP han destapado y puesto en bandeja a Garzón.Peor, imposible. ¿O sí es posible? Por que esto no ha hecho nada más que empezar. A Rajoy le ningunea hasta el alcalde de Boadilla. ¿Cómo le van a respetar en su grupo parlamentario?
En el PP están más preocupados por las tramas: espionaje en la CAM, comisiones en ayuntamientos…, que por la crisis económica. Cómo van a ser creíbles cuando critican al Gobierno si ellos no pueden ni asegurar que mañana seguirán en la calle.
Dos comunidades bastión de la fortaleza del PP: Madrid y Valencia están tocadas. "Pongo la mano en el fuego por todos mis consejeros", dijo Aguirre hace 10 días. Pues se ha quemado. Mira, Granados en eso fue más listo. A Camps le compran los trajes en Milano. Por favor, si aún fuera en Armani, pero en Milano. A un político de su nivel y elegancia. Lo que ha perdido el PP valenciano desde que no está Zaplana.
Y Rajoy, en estado comatoso; Aguirre, soltando lastre; Granados, esquivando cohechos; ya no tienen tiempo ni para atacarse. Y el presidente de la comisión de imbestigación de los espías, Benjamín Martín Vasco, admite que es amigo de Francisco Correa, y con dos kilitos de más por las “comidas” –mordidas, del empresario encarcelado-. Está todo tan liado que poco o nada parece que quedará en pie de la alternativa en permanente camino al centro… del desastre.
Rajoy está acabado. En parte por su incapacidad para sentarle la mano a más de uno y una, en parte por la bola de corrupción que amenaza con llevárselo todo por delante. Pero también parecía acabado en marzo de 2008, cuando amagó con dimitir y, tras uno de sus silencias que ponen de los nervios, sacó pecho e invitó a alguna a marcharse al partido liberal. ¿Resucitará otra vez? Pero si lo hace tendrá que cortar muchas cabezas y meter en vereda a los “ideólogos” de la FAES.
Y, mientras, Gallardón no dice esta boca es mía, a la espera de su oportunidad.

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