Tirar el agua y a el niño
Vuelve el Lehendakari a desempolvar su vieja pretensión de autodeterminación para el País Vasco. Y le pone fecha al “desvarío”: 25 de octubre de 2008, con o sin acuerdo del gobierno y parlamento, a los que quiere colocar ante hechos consumados. Es un irresponsable.Lo anuncia en el parlamento Vasco. Y como nos tiene acostumbrado este mesiánico presidente su referente es el “pueblo vasco” y su identidad desde los albores de la historia como sacralización del objeto. Si el pueblo existe y éste se manifiesta en una lengua, una religión, una cultura... y sobre todo en un territorio. Está el Lehendakari a un paso de volver a dar vida a la joseantoniana patria como unidad de destino en lo universal.
No importa que el pueblo vasco exista lo mismo que el aragonés o el leónes. Lo que importa es la creación del mito -la nación- y luego ya se rellenará con sus héroes, opresores y mártires.
Todo nacionalismo es una mitología. Sea más grande o más pequeño su ámbito territorial, lingüístico o cultural. Y en el plano de las mitologías se recurre a la irracionalidad para explicar el pasado y el presente. Así se habla de conflicto histórico, territorios históricos o derechos históricos. La historia como coartada para justificar el asesinato, la extorsión, la eliminación de los derechos más elementales de la mitad de la ciudadanía que vive en el País Vasco, a los que el Lehendakari suele olvidar en sus discursos. ¿Qué raro debe parecerle al Lehendakari que en su arcadia miles de ciudadanos hablen con temor, cuando hablan, o que la oposición tenga que ir con escolta? Que paradoja.
Esta situación es heredera del plan que Ibarratxe presentó en el 2003 con el “Estatuto político de la Comunidad de Euskadi” como acta fundacional de lo que sería la nueva relación entre España y el País Vasco. En una confusa declaración de derechos pretéritos en la noche de los tiempos, de declaraciones de la ONU sacadas de contexto y totum revolotum entre: Francia, Navarra, País Vasco y España.
Entonces, como ahora, de todo el proceso de discusión de las consecuencias del plan se ha obvia por Ibarretxe las repercusiones económicas este proyecto. Se ha puesto el énfasis en los aspectos de “decidimos los de aquí”, “es nuestro ámbito de decisión lo que cuenta”, “somos soberanos para decidir qué queremos”... Todos argumentos emocionales que ocultan las más que importantes dificultades de llevar a la práctica, en los terrenos jurídicos y económicos, los postulados del “Plan Ibarretxe”.
En el 2003 el producto interior bruto (PIB) vasco representaba el 6,3% (medido en precios de mercado) -47.277,7 millones de euros- frente al 7,5% del total español en 1981; en 2006 su PIB es 6,1 %, pero aún es una de las regiones más ricas de España: sus hogares tienen una renta per cápita media de 15.800 €, cuando la del conjunto español es de 12.600 €, y Álava -con 22.338 €- es la provincia con mayor renta del país. Sus salarios son de media un 15% más alto que los del resto, y junto Madrid y Navarra son los que mayor capacidad de gasto tienen.
El 90 % de los aceros especiales y el 80 % de la maquinaria herramienta se hace en el País Vasco; el 75 % de la forja, el 50 % de los bienes de equipo o de la fundición y así hasta el 12 % de la electrónica e informática y telecomunicaciones. Las importaciones y las exportaciones son el 65% del PIB de Euskadi; yendo el 54,3% al resto de España y el 39,2 % a países de la UE y el 6,5 % al resto de países. A su vez, casi el 66 % de las importaciones son del mercado interior.
De las 6.135 empresas vascas que figuran en el Catálogo Industrial y de Exportadores (CIVEX), el 60% no se dedica a la exportación y una parte considerable trabaja en el ámbito de la economía española. El otro 40% son exportadores, casi la mitad con un lustro o menos de experiencia.
Y de todo esto no se habla. Lo que preocupa, y mucho, a empresarios y economistas. Si el nacionalismo insiste en "deslegitimar" el rechazo del Congreso de los Diputados al “Plan Ibarretxe”. "Nos estamos jugando el futuro", avisaba Alejandro Echevarría, presidente del Círculo de Empresarios Vascos en 2003. Mikel Buesa, catedrático de economía de la Universidad Complutense de Madrid en su estudio “Economía de la secesión: los costes de la no-España en el País Vasco” estima que la pérdida por los gravámanes arancelarios de las exportaciones vascas supondrían una reducción del 20% del PIB y una pérdida de empleo de entre 89.000 y 180.000 puestos.
A esto el PNV y el Lehendakari dan la callada por respuesta y miran para otro lado.
La tendencia al envejecimiento de la población tampoco ayuda mucho al “Plan Ibarretxe” - desde 1981 los censos del INE recogen una constante disminución de la población-, ya que postula una gestión independiente de la Seguridad Social, que si lo unimos a una de las más bajas tasas de natalidad, la escasez de inmigración y la salida forzada por la presión de los radicales de varios miles de personas, no parece la mejor situación para garantizar el futuro del sistema público de protección social, y menos si le sumamos un incremento del paro como el que anuncia Buesa.
La inseguridad jurídica que crea la posible aplicación del “Plan Ibarretxe” es muy alta y así lo entienden los inversionistas de la UE: la inversión en el País Vasco cayó un 33% en el 2003, cuando se hizo el primer amago de presentar el Plan, frente al 17% del resto de España, si bien hay otros factores: como la más barata mano de obra en el norte de África o en el Este de Europa para entender este traslado de inversiones. ¿Pero que harían los inversores en un mercado que se encontrase de la noche a la mañana que no puede vender en el mercado de 400 millones de la UE?
La patronal vasca Confebask, por medio de Román Knörr, se opuso inicialmente al plan en 2003, ahora, ha preferido no llevar más lejos sus críticas al “Plan Ibarretxe”. Aunque tampoco tendría interlocutor, pues la vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, no ha aceptado debatir los planteamientos de empresarios y expertos sobre los costes del plan en un hipotético marco de Euskadi como Estado Libre Asociado en la UE. Suponiendo que el Estado Español aceptara esa posibilidad y la UE la admitiese, lo que es mucho suponer.
Otro dato para pensarse lo del referéndum: Bilbao no está en el grupo de 35 ciudades “de tercer nivel" del planeta (donde Madrid aparece en el segundo nivel y Barcelona en el tercero), a pesar de su profunda transformación económica y proyección cultural de los últimos años. Sólo aparece en el trigésimo segundo entre las ciudades europeas más adecuadas para los negocios, en una lista en la que Barcelona es sexta, y Madrid, séptima, según datos de la página en Internet del economista y asesor del Gobiernos vasco Alberto Alberdi. ¿Mejoraría Bilbao su posición en una Euskadi fuera del área económica de la UE?
El actual marco jurídico del Concierto Económico y del Estatuto de Guernica ha supuesto un éxito para el desarrollo del País Vasco y le ha permitido hacer frente a la reconversión industrial de los años ochenta; cuyo coste para las arcas de la Seguridad Social se acercó al billón de pesetas, ¿se podría haber hecho frente a este gasto sólo con las aportaciones de los cotizantes del País Vasco si no hubiera mediado la solidaridad interregional del resto de España? ¿A ver quién responde a esta pregunta en el PNV-EA-EB/IU?
La pretensión de que se puede cambiar unilateralmente el marco de relación jurídica y de que no pasa nada en el plano económico es ridícula.
En una “guerra comercial interna”, en la que empresas vascas tuvieran en contra al cliente español, las cosas vendrían muy mal dadas para ese casi 90% de pymes vascas que tienen en el mercado interior su principal fuente para existir. La hipótesis de que esto ocurra no es descabellada: si no que se lo pregunten a los empresarios de cava catalán, qué efecto tuvo en sus ventas durante la última campaña navideña: 12,3% menos de botellas vendidas. Y esto sólo por un boicoteo promovido a golpe de e-mail. ¿Qué efecto no tendría en los Eroski o en la marca Fagor, ambos del grupo Mondragón, un boicot premeditado de sólo un 20 ó 30% de sus actuales clientes?
En diciembre de 2004 la prensa económica recogía la visita de los reyes de España, al grupo cooperativo de Mondragón, para inaugurar la ampliación de una de sus fábricas de electrodomésticos y poner la primera piedra del polo tecnológico Garaia. "La razón de la visita del Rey fue la de contribuir a frenar la caída de ventas del grupo (Mondragón) en el mercado español", asegura un miembro del Círculo de Empresarios. El Rey dejó un mensaje claro en su intervención ante los periodistas: "Habría que crear muchos grupos como las cooperativas de Mondragón en España", les dijo, en lo que fue interpretado como un gesto explícito de apoyo hacia un grupo emblemático del tejido empresarial vasco y con proyección internacional, pero muy identificado en el imaginario español con el vasquismo más profundo e independentista.
Mondragón es un grupo multinacional de más de 200 empresas y casi 72.000 empleados, de ellos el 48% en el País Vasco, el 40% en el resto de España y los demás en el extranjero.
Otras empresas punteras, como CAF, viven del suministro de trenes a Renfe o al metro de Madrid. A su vez, directivos de Gamesa e ITP reconocen: "Si perdemos el mercado español y el europeo, cerramos", lo cual sería una absurda catástrofe en el campo de la ingeniería.
Todas las asociaciones empresariales, cámaras de comercio, colegios profesionales le han pedido que dedique sus esfuerzos a la búsqueda de soluciones para el chantaje que sufren por parte de ETA, pero los empresarios no deben tener la visión histórica del Lehendakari.La propuesta efectuada por el Lehendakari no abre nuevas perspectivas de solución al gravísimo problema de convivencia que existe en el País Vasco, sino que lo agrava al dar un salto cualitativo en las diferencias entre nacionalistas y constitucionalistas; porque no es un problema entre nacionalistas y no nacionalistas el que se dirime, sino entre quienes anteponen el criterio de etnia, lengua o territorio al de la ley, seguridad jurídica o constitución. En definitiva entre nacionalistas y demócratas.
Obcecado por el cumplimiento mesiánico del proyecto nacionalista va a tirar el agua del barreño, sin darse cuenta de que el niño está dentro.

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