Thursday, March 19, 2009

El lince

Nuestros obispos se han pasado de frenada. Y digo nuestros porque su sueldo se lo pagamos todos, los creyentes y los no creyentes. El pasarse es algo consustancial a la Conferencia Episcopal Española. Se pasaban cuando tenían a Franco bajo palio, sin duda por ser la hostia, como se pasaban cuando tenían el monopolio de la enseñanza y se pasan cuando el más mínimo atisbo de crítica a su creencia la despachan tirando los pies por alto y acusando a diestro y siniestro de ser perseguidos. Curiosa queja de quienes en breve saldrán a la calle en toda España a pasear vírgenes dolorosas y cristos sangrantes entre legionarios y otras aguerridas huestes de alcaldes y concejales de todo pelaje.

Y decía que se pasaban porque en su última cruzada han igualado a un cachorro de lince con un bebé. Que a poco que se fije uno, verá que el lince y el niño gozan de buena salud y son, salvando las diferencias, individuos autónomos. Vamos, que no son embriones. Porque de eso se trata: de regular las condiciones del aborto, no del infanticidio. Pero como estos chicos con faldas y a lo loco se pasan tres pueblos, nos quieren colar de matute la imagen del dulce bebé asesinado. Que tramposos.

Cada cual es muy dueño de creer, basándose en sus creencias -valga la redundancia-, que un cigoto es ya un ser humano potencial con todos sus derechos, incluso que éstos están por encima de los de la madre, que puede pensar que no quiere ese embarazo, pero esa creencia tendrá efectos para su caso particular y no para el resto de los sujetos. Algo que los obispos olvidan con su habitual desprecio a la libertad de conciencia. Apuntándose a esa confusión interesada del pecado con el delito.

Es curiosa la manía de los obispos en entrometerse en estos asuntos con la excusa de la defensa de la vida. Excusa que no les sirve para condenar a los países que siguen teniendo en vigor la pena de muerte en su legislación. Pero cuando se saca la demagogia populista a pasear todo está permitido. Así, se niega el derecho a la madre a decidir sobre su cuerpo y al Parlamento a legislar sobre este asunto. Luego, cuando ganan los suyos -el PP, para más señas-, y no tocan la ley de aborto, se callan como putas; y el dinerito que se gastan en estas campañas lo dedican a incrementa el óbolo de Roma o en renovar el vestuario, que ya se les ve que tienen pinta de pasar necesidad.