Monday, December 04, 2006

Ateismo y política

Creer y crear se diferencian en… nada. Cree el rey que es rey y vive con ese engaño mandando, disponiendo. .. nos decía Segismundo al despertar de lo que creyó sólo un sueño.

Crea una lista de distribución y cree que ha revolucionado el mundo. El histrionismo juega malas pasadas. Se denomina coordinador o censor o vaya usted a saber qué en un pequeño mundo de intercambios internautas entre los miles de millones de correos que cada día saturan los miles de millones de servidores en todo el mundo.

Y el que cree y el que crea en su doble papel se asestan e-puñaladas traperas como si la vida de todo el ateismo universal estuviera en juego.

Cuanto de la racionalidad y parsimonia que dice estar en la base del pensamiento crítico se ha echado en falta en estos días pasados.

Y sin embargo, puestos a tomar postura me decanto por los que se manchan aunque se equivoquen, por los que actúan aunque fallen, por los que reflexionan aunque yerren. Por los que entienden la acción atea como reflexión global sobre el total de lo que conforma la sociedad y sus relaciones: económicas, sociales, culturales, antropológicas… en definitiva por lo que define al ser humano y el medio en el que vive: LA POLIS y su correlato lógico: LA POLÍTICA.

Nada está fuera de la política. Cualquier acto humano, hasta el más insignificante o aparentemente más privado e íntimo está condicionado por la política y condiciona a esa política.

Habrá quien piense que se puede vivir al margen de la política o ejercer alguna forma de asociacionismo extra-política… allá él. Su ingenuidad, si es sincera, es para cuidarla como se cuida a un bebé.

Creerse fuera de la política es como creerse fuera de la ley de la gravedad. Prueba a saltar al vacío desde un décimo piso y verás si la “política” te deja en el aire sin caer. Prueba a pedir que te borren del registro de bautizados por el derecho que te asiste según la Ley de Protección de Datos y denúncialo a la Agencia de Protección de Datos y verás si te das de narices o no con la política.

Lo más habitual, por no decir en el 99,99% de los casos, es que tras el autodenominado apolítico se esconda un político de derechas, de esa derecha sociológica que no sabe que lo es pero que se siente cómodo en repetir los lugares comunes de los bienpensantes de toda la vida. De los que empiezan leyendo el ABC en el casino provincial, hojean La Razón a la hora del aperitivo y se despachan contra el Gobierno –no importa que sea de uno u otro color- con los comentarios del Jiménez Losantos de turno en la emisora propiedad de la Conferencia Episcopal (que sí lo que es, como cualquiera puede comprobar en el Registro Mercantil de Madrid).

El apolítico mira por encima del hombro, con esa pureza de mirada que da el creerse fuera de esa inmunda amalgama que es “la política”, a aquellos que se reconocen políticos por ciudadanos, políticos por inconformistas, políticos por el coraje social que ponen en denunciar y además actuar.

El apolítico no “miente conscientemente” , sólo reproduce los “ruidos” que escucha, aunque para esa “reproducción” caiga en esa intertextualidad –plagio se decía antes- que le presta la “libertad digital” de que con un clic llega a los más “preclaros” comentarios de la beatería hispana.

El apolítico repite su “mentira” mil veces, para convencerse de ella, y, como aconsejaba Göbbels, y no Lenin, como algún otro apolítico despistado ha dicho, hacerla verdad.

El apolítico, desde esa altura moral, que da el estar fuera de la suciedad del político, puede ser de una radicalidad asombrosa, hacer las proposiciones más asombrosas y contra todo sentido común. Son el lerrouxismo del ateismo, rebasan por izquierda, derecha, arriba o abajo a cualquiera… la pena es que cuando vienen mal dadas acaban en brazos de Franco.

El apolítico confunde al partido con la política y coherente con su discurso se decanta por la derecha. Si se dice ateo es sólo a efectos intelectuales, pues coherente consigo mismo no moverá un dedo por alterar “el estado natural de las cosas”.

Si algo molesta al apolítico es que alguien sea de izquierdas… entonces bufa y levanta la voz para declarar esa “verdad absoluta” de que “la política es muy sucia” y se queda tan ancho para a continuación repetir todos los estereotipos de la derecha más rancia. Habrá mayor desfachatez.

El apolítico niega que el ateismo sea de izquierdas. Que izquierda y derecha son categorías desfasadas. Que hoy se emplean otros conceptos… pero no dice cuáles. (Venga, a buscarlas en Libertad Digital) Que se es ateo por racionalidad y sentido crítico. Y en ese argumento me reconozco, pero la pregunta es, ¿cómo se llega a ser ateo por racionalidad y no se emplea la racionalidad para cuestionar todo el restante orden social? Es que acaso la religión es un ente extrasocial que no se relaciona con un sistema de creencias económicas y valores políticos fácilmente identificables que pasan por los “neocon”, la escuela económica de Chicago o los golpistas de Chile o Argentina, o el propio Franco.

El ateísmo como expresión de racionalidad es de izquierdas, al menos de esa izquierda que se sentaba en esa posición en el Juego de Pelota en 1789 frente a los bancos de la derecha de la nobleza y el clero; de izquierdas porque ha estado fuera de los círculos de poder de la monarquía; de izquierdas porque ha puesto en tela de juicio lo establecido: de izquierdas porque no acepta el dogma, ni siquiera el del Partido y su Nomenklatura; de izquierdas porque siempre tendrá una duda frente a la certeza del dictador... de izquierdas por tantas cosas que seguir la enumeración sería ocioso

Cómo se puede ser ateo y mantenerse al margen de la prohibición del uso del preservativo por la ICAR o de la condena de la investigación con células madre o de la pena de muerte como castigo irracional… y de tantas cosas más.

Serán, acaso, los ateos apolíticos simplemente unos diletantes.