Disciplina y pluriempleo
Lo dejó muy clarito Alfonso Guerra a mediados de los ochenta: el que se mueva, no sale en la foto. Y desde entonces a la fecha nadie se ha movido cuando el fotógrafo electoral ha pedido atención para el pajarito. Salvo Manuel Pimentel, ejemplo de político de derechas honrado e inteligente y sobre todo coherente con sus ideas. Por eso no hemos vuelto a verle en ninguna foto más. Todos hemos perdido con ello.
Pero a lo que íbamos. En el Parlamento, donde se cocina todo lo que nos afecta al resto de los ciudadanos, noventa parlamentarios se han negado a votar el informe de la Comisión del Estatuto de los Diputados que autoriza las actividades privadas a los diputados. ¿Y cómo ha sido eso? ¿Acaso les ha dado un aire de coherencia política? ¿Son lectores de
Manga y han decidido hacerse el
harakiri? No. Lo que pasa es que la votación era secreta, a puerta cerrada, sin cámaras ni molestos testigos que luego vayan con el dedo acusica a decirle al fotógrafo que Menganito se ha reído.
Pero en la Comisión del Estatuto todos aprobaron, sin excepción -por unanimidad, vamos-, lo que a escondidas algunos rechazan. Sólo Gaspar Llamazares se opuso entonces, y supongo que ahora.
Como en España a los diputados no los eligen los ciudadanos sino las elites de los partidos y las listas son cerradas y bloqueadas, pues la elección se limita a elegir una lista y no a unas personas. Y como nuestros diputados no son tontos del todo, saben que si se señalan por tener ideas propias a la siguiente o no van en la lista o van en el antepenúltimo puesto. Así que si se quiere seguir en la profesión pues a tragar y a votar al dictado del capataz del grupo parlamentario. En alguna rara ocasión alguno se ha salido del guión y le ha costado el puesto, como Nicolás Redondo en 1988, y no recuerdo ningún otro caso, pero es posible que los haya.
De modo que nuestros diputados, el 88 % de ellos, podrán seguir compatibilizando su puesto de parlamentario con una o más actividades privadas, por supuesto remuneradas. Y no es que esté en contra del pluriempleo, que en tiempo de crisis todo esfuerzo suplementario es de agradecer, sino de la caradura que se gastan los padres de la patria para otorgarse beneficios a costa del presupuesto público y lo fino que hilan cuando se tratan de los derechos del resto de trabajadores. Que para optar al 100 % de la jubilación cualquier currito tiene que deslomarse al menos 35 años y sus señorías con 2 legislaturas van que chutan.
Y a esto lo llaman democracia.
Criticar a la Iglesia
A los bienpensantes, lo de criticar a la Iglesia católica no les parece bien. A nada que te descuides te ponen de obsesivo para arriba.
Criticar a la Iglesia es de mal gusto. Casi tanto como el que han mostrado 150.000 napolitanos manifestándose contra La Mafia. No está bien criticar a quien intenta controlar tu vida a golpe de Beretta o excomunión. Te la estás jugando.
Criticar a la Iglesia es de muy mal gusto. Tan malo como el que han mostrado los representantes del gobierno inglés y francés, que han llegado a calificar las opiniones de Ratzinger sobre el uso de preservativos de “criminales”. Que mal gusto.
Criticar a la iglesia es de un pésimo gusto. Tan pésimo como el pasearse entre los negritos con zapatos de diseño y anillos que incrementarían el P.I.B. africano un 15 %. Que derroche.
Pero es que no hay día que te levantes, que no tengamos que oír la cantinela de la pérdida de valores, el peligroso relativismo, la laicidad que nos atenaza… y todo con esa dicción empalagosa de consonantes morales. El día que no critican ley de Educación, critican la de Despenalización del aborto o la de Divorcio; otro, la de Reproducción asistida o la investigación con células madre. No dejan títere con cabeza.
Pero les entiendo. Debe ser muy triste ver como del monopolio absoluto de la moral y del control de la vida diaria de millones de personas ahora tienen que conformarse con las migajas de la piedad festiva en Semana Santa y fiestas patronales. Porque el personal va a su bola, y en los puentes se tira a la playa –sin albornoz, como antes exigían las buenas costumbres, apoyadas por lo fusiles de los picoletos-, pasando de actos de contrición y poniéndose morados de cañas y gambas.
Afortunadamente, aún hay buenos hijos de la Santa Madre Iglesia como el alcalde de Madrid, que les regala 25.000 metros cuadrados en Las Vistillas, para que se hagan unas oficinas; o el de Ávila, que les dona una parcela valorada en 450.000 euros para la construcción de una parroquia. Se ve que en Ávila lo que faltan son parroquias.
Criticar a la Iglesia es de un rematado mal gusto. Pero es que se lo ganan a pulso.
IRPF e Iglesia
La Iglesia católica, que no cree que la fe mueva montañas, ha tirado de marketing y con la campaña "Tantos" ha conseguido un éxito de recaudación, más por el efecto del incremento del 0.52 % al 0,7% que por el número de impositores directos vía casilla en la Declaración. Pero es lo que hay. Cada vez menos católicos y más de otras especies creyentes. Si seguimos así habrá que hacer alguna acción en Greenpeace para conservar la "crediversidad".
En el año 2007 se produjo un incremento de 30 mio €. Y este año 220 millones de euros, 50 más que el pasado. Eso es fe en el Estado laico y lo demás son tonterias. Los creyentes no dan para más.
El porcentaje de declarantes que marca la casilla de la Iglesia ha subido, pero sólo punto porcentual. Y ese punto supone 50 kilos más. Asombroso. Qué ricos son los declarantes católicos, o no.
Según Juan González Anleo, catedrático de la Pontificia de Salamanca, cada año abandona la Iglesia católica en España unas 200.000 personas, según extrae de los datos del CIS de 2002. Y según estos mismo datos cada año 20.000 católiocs se convierten a otras religiones, que ya son ganas. Los evangélicos se llevan unos 12.000, los de Jehová, 1.800 y el resto entre budistas, musulmanes, mormones y judíos.
Sólo un 31 % de los que se declaran católicos son de misa, pero poca, una vez al mes. En la década de los 90 declaraban ir a misa, al menos una vez al mes, el 43 %.
La encuesta del CIS dibuja un mapa de creyentes en tres áreas: los "ocasionales" (40 %), que se confiesan católicos pero ni van a misa ni siguen las normas de la Iglesia sobre anticonceptivos, divorcio, etc, y que sólo pisan una iglesia si les invitan a una boda o comunión; los "festivos" (25 %) que sólo acuden a un santuario en romería o a misa en la fiesta de Nochebuena; y el resto (30 %) que sí cumplen con la Iglesia y colabora activamente. Y por fin queda un 25 % que se confiesa no católico ni de ninguna religión sin llegar a definirse como ateos o agnósticos. Simplemente, pasa.
El lince
Nuestros obispos se han pasado de frenada. Y digo nuestros porque su sueldo se lo pagamos todos, los creyentes y los no creyentes. El pasarse es algo consustancial a la Conferencia Episcopal Española. Se pasaban cuando tenían a Franco bajo palio, sin duda por ser la hostia, como se pasaban cuando tenían el monopolio de la enseñanza y se pasan cuando el más mínimo atisbo de crítica a su creencia la despachan tirando los pies por alto y acusando a diestro y siniestro de ser perseguidos. Curiosa queja de quienes en breve saldrán a la calle en toda España a pasear vírgenes dolorosas y cristos sangrantes entre legionarios y otras aguerridas huestes de alcaldes y concejales de todo pelaje.
Y decía que se pasaban porque en su última cruzada han igualado a un cachorro de lince con un bebé. Que a poco que se fije uno, verá que el lince y el niño gozan de buena salud y son, salvando las diferencias, individuos autónomos. Vamos, que no son embriones. Porque de eso se trata: de regular las condiciones del aborto, no del infanticidio. Pero como estos chicos con faldas y a lo loco se pasan tres pueblos, nos quieren colar de matute la imagen del dulce bebé asesinado. Que tramposos.
Cada cual es muy dueño de creer, basándose en sus creencias -valga la redundancia-, que un cigoto es ya un ser humano potencial con todos sus derechos, incluso que éstos están por encima de los de la madre, que puede pensar que no quiere ese embarazo, pero esa creencia tendrá efectos para su caso particular y no para el resto de los sujetos. Algo que los obispos olvidan con su habitual desprecio a la libertad de conciencia. Apuntándose a esa confusión interesada del pecado con el delito.
Es curiosa la manía de los obispos en entrometerse en estos asuntos con la excusa de la defensa de la vida. Excusa que no les sirve para condenar a los países que siguen teniendo en vigor la pena de muerte en su legislación. Pero cuando se saca la demagogia populista a pasear todo está permitido. Así, se niega el derecho a la madre a decidir sobre su cuerpo y al Parlamento a legislar sobre este asunto. Luego, cuando ganan los suyos -el PP, para más señas-, y no tocan la ley de aborto, se callan como putas; y el dinerito que se gastan en estas campañas lo dedican a incrementa el óbolo de Roma o en renovar el vestuario, que ya se les ve que tienen pinta de pasar necesidad.
Unidad
Siendo muy optimista, diría que un fantasma recorre el mundo, el fantasma del laicismo, y contra él se aprestan en Santa Cruzada el Papa y…
Lamentablemente, el laicismo es hoy sólo una débil llama en un paisaje de oscurantismo generalizado.
Desde la Ilustración y la Revolución Francesa la laicidad, la racionalidad, la ciencia ha avanzado en occidente y en buena parte del resto del mundo. Con avances y retrocesos la idea de la libertad individual, del libre pensamiento, de la duda como virtud para aprender ha tendido a ganar espacio en la sociedad europea y occidental. Breves períodos de fascismo, en los que la Iglesia ha ganado peso, a pesar del núcleo intrínsecamente ateo del fascismo, y del comunismo, con su deificación del Partido y del Estado, no han bastado para que en la mitad del siglo pasado la laicidad, entendida como libertad individual, fuera imponiéndose paso a paso.
Ni la mediática presencia de Juan Pablo II pudo con esa impregnación de laicismo en Europa que tanto le sacaba de sus casillas. Ha tenido que ser la amenaza de otra religión la que haga tambalear lo conseguido en los últimos 200 años. Desde el atentado del 11 de septiembre en New York y los posteriores de Madrid y Londres Europa y occidente se han cerrado al raciocinio y vuelto hacia un pasado, cristiano en sus miserias, que ya creíamos superado, como lugar de seguridad personal y grupal. El miedo al terrorista, identificado con el enturbantado Mahoma, en las viñetas de la Bladglad, nos pone en la tesitura de proteger lo que nos es más querido: nuestro modo de vida, entrando en el juego de los que establecen una simplista ecuación de occidente/cristiano /tolerante frente a oriente/musulmá n/intolerante.
Con la aceptación de este esquema, siquiera sea como hecho per se no discutible, se apuntala a la religión cristiana como una cierta garantía de libertad en occidente frente al totalitarismo del islamista. Así, la construcción de una mezquita en un barrio de una ciudad europea levanta ampollas entre el vecindario, que reclama la intervención urgente de las autoridades; como que el discurso de Ratzinger en Ratisbona sea visto como una importante aportación intelectual frente a la intransigencia del islamismo. En esta situación no corren buenos tiempos para el laicismo, y no digamos para el ateismo. O estás con occidente, en esa vaporosa atmósfera de cristianismo, mercado libre, consumo o estás contra la libertad y por el terrorismo.
Y, sin embargo, algo deben de temer católicos e islamistas cuando el Papa y destacados miembros de la comunidad islámica mantienen contactos para acercar posturas respecto a cómo enfocar ese enemigo común que es la laicidad.
Aref Ali Naced, director del Real Instituto de Estudios Estratégicos del Islam en Amman, se ha convertido en el portavoz de hecho de unos 200 eruditos musulmanes que han iniciado un diálogo con los cristianos tras firmar el manifiesto ¿Una palabra común?, en el que proponen ensalzar los valores compartidos. A principios de 2008 año estuvo en El Vaticano y para reunirse con el Benedicto XVI y acercar posturas.
Se quiere evitar situaciones como las denunciaba el presidente de las Iglesias protestantes de Argelia, Mustafá Krim, del cierre de 13 iglesias por las autoridades y el nuncio del Vaticano en el Golfo, monseñor Paul Mounged El Hachem, que no lograba cerrar un acuerdo con Arabia Saudí sobre la apertura de Iglesias en ese país.
Se quejaba el nuncio vaticano ¿No tienen derecho los cristianos a la reciprocidad? La reciprocidad es un importante concepto diplomático. Pero olvidaba, que cuando ejercía un poder terrenal el Vaticano nunca otorgó permisos a mezquitas. Siempre se resistió a la construcción de mezquitas hasta que el Estado italiano concedió ese derecho hace no muchos años.
Afortunadamente para los ateos los intransigentes religiosos aún discuten por filigranas teologales.
Pero esta situación puede cambiar… y a peor. El llamamiento a la cooperación entre Islam y Cristianismo ha sido suscrito por Tariq Ramadan, uno de los más controvertidos islamistas, residente en Ginebra, sobrino y discípulo del fundador de los Hermanos Musulmanes. Además están el rector de la universidad de Al-Azhar en el Cairo -la más grande del mundo musulmán-, Ahmad Muhammad al-Tayeb; el jeque Izz al-Din Ibrahim, fundador de la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos; y otros que como ellos consideran “mártires” a los terroristas que se hacen explotar en un mercado, en un autobús, en una escuela.
En Roma la consigna es ver positiva la iniciativa musulmana, y preparar una respuesta oficial que aún no ha sido emitida. Sólo el cardenal Tauran, máxima autoridad vaticana para el diálogo con otras religiones, ha hablado de momento. Tauran ha anunciado en la radio Vaticana que a la carta “se responderá”. Pero en espera de la respuesta oficial –que llegará cuando llegue, y no de Benedicto XVI, sino de una oficina vaticana ad hoc presidida por el propio cardenal Tauran– ya han entrado en acción los expertos del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos, que se han puesto a preparar un futuro encuentro ecuménico con musulmanes, cristianos y judíos y han publicado el 25 de octubre sus propios comentarios a la carta de los musulmanes, firmado por el presidente, el padre Miguel Ángel Ayuso Guixot, y por cuatro profesores del Instituto, los padres Etienne Renaud, Michel Lagarde, Valentino Cottini y Felix Phiri.
Otros dos comentarios en profundidad a la carta han tenido por autores a dos islamólogos jesuitas muy apreciados y escuchados por el Papa: el egipcio Samir Khalil Samir y el alemán Chistian W. Troll.
Lo novedoso de esta situación es que sunitas y chiítas se han puesto de acuerdo sobre la necesidad de un diálogo con los cristianos. Mal pintan las cosas para los laicos.
La iniciativa partió del rey Abdullah de Jordania y del principe Ghazi bin Muhammad bin Talal, presidente del Aal al-Bayt Institute for Islamic Thought, un musulmán docto que el jesuita Samir define “de lo mejor que existe hoy en el Islam”.
Y es que los islamistas han descubierto las ventajas de los Think-thank occidentales y en él confluyen Sohail Nakhooda, director de “Islamica Magazine”, el periódico que tiene mucho éxito en las universidades de Inglaterra y de Estados Unidos, entre los docentes de fe musulmana; el jeque Hamza Yusuf Hanson, director del Zaytuna Institute, en California; el teólogo libio Aref Ali Nayed, con cátedra en Cambridge, ex docente del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos; el gran ayatollah antikhomeinista al-Sistani; el líder ideológico de los Hermanos Musulmanes al-Qaradawi e inclusive el presidente iraní Ahmadinejad; entre otros.
Muy, muy mal pintan las cosas para los laicos y ateos.
Nuestra influencia es mínima. Nuestra relevancia social inapreciable. Sí parecemos más es por la espectacularidad mediática de alguna acción como la de los autobuses, pero quitado ese momento efímero poco o nada representamos en la sociedad. Y frente a esta situación nos encontramos atomizados en grupúsculos que discuten entre sí con la misma pasión que lo harían luteranos con husitas.
En tanto no superemos la fase de dispersión y alcancemos una masa crítica como movimiento social, continuaremos estigmatizados como los últimos parias sociales.
Nos es imprescindible una gran confederación laico-atea para afrontar los ataques a la libertad en derechos civiles y expulsar del Estado a los fundamentalismos religiosos. Sin ella, estaremos dando palos de ciego con una apostasía aquí, una concentración allá, un apoyo testimonial a un AMPA por la retirada de crucifijos en una escuela… En definitiva, picaduras de mosquito en la coraza de una tortuga.