¿Despedir es caro?
Abaratar el despido es una de las peticiones recurrentes de los empresarios. Da igual que haya crisis o que se nade en la abundancia. Lo piden en todas las reuniones y congresos en los que toman la palabra y junto a esta petición se acompaña la cantinela de la “rigidez del mercado laboral español”. Si no dijeran estas dos muletillas no serían empresarios españoles. Lo llevan en los genes.Y a las peticiones de los empresarios nunca le faltan apoyos y detractores. Apoyan los partidos conservadores, el Banco de España, el FMI, la OCDE y todo bicho liberal que se precie. Se oponen los sindicatos, partidos de izquierda y todo el que haga números y tenga dos dedos de frente.
Según el Banco Mundial la media de indemnización por despido en España en 2008 se situaba en un año y un mes. Para algunos es una barbaridad que nos lleva a la ruina nacional. Para otros una miseria que les lleva a la ruina personal.
Pero no somos los más caros. En Alemania la media está en un año y tres meses. Y los más baratos, Dinamarca o Austria en medio mes. La media europea estaría en 7 meses.
El ideal para los empresarios sería el coste cero, el despido libre, el “coge tus cosas y vete”. Como sucede en Grecia o con pequeñas restricciones en Finlandia, Suecia u Holanda. Según ellos, esto mejoraría la productividad y crearía empleo.
Y la pregunta es de cajón de pino: si es tan caro despedir en España, ¿cómo es que el paro se incrementa en casi 800.000 personas en un año?
Una de las explicaciones es que el paro lo está soportando hasta ahora el trabajo temporal (contrato por obra o servicio), que es el 27 % de la población activa, y cuya extinción de contrato no representa, salvo casos excepcionales, un coste para el empresario.
La estructura del coste del despido en España admite, simplificando, tres modalidades:
1. los despidos de temporales. En este grupo el despido tiene un coste irrelevante.2. los despidos individuales, que afecten a menos del 10% de la plantilla. Estos despidos no tienen costo alguno si son disciplinarios. Si se dan por causas objetivas, o bien si el trabajador no acepta que los motivos sean disciplinarios -cosa habitual dado que de ser así aquel se queda sin seguro de desempleo- pasan al Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación, en el que empresa y trabajador llegan a un acuerdo sobre la cuantía del despido, en el 90 % de las veces. Si no, se pasa al Juzgado de lo Social, que puede determinar que el despido es procedente, improcedente o nulo. Si el despido es procedente, la indemnización es de 20 días de salario por año de antigüedad, con un máximo de 1 año de salarios. Si es improcedente, la indemnización es de 45 días de indemnización por año de antigüedad hasta 42 meses de salarios como máximo. En abril de 1997 se redujeron los 45 a 33 días de indemnización y un máximo de 24 mensualidades en caso de despido improcedente para los nuevos contratos indefinidos: desempleados jóvenes hasta 30 años y mayores de 45 años, desempleados de larga duración y trabajadores temporales convertidos en fijos. Si el despido es declarado nulo, el trabajador debe ser readmitido, con pago de los salarios de tramitación. El Fondo de Garantía Salarial paga la indemnización por pérdida de empleo, si la empresa es declarada insolvente
3. los despidos colectivos, que son los que afectan a más del 10% de la plantilla y está previsto que se hagan a través de un Expediente de Regulación de Empleo motivado ante la Autoridad Laboral. Si ésta lo acepta la indemnización es de 20 días de salario por año trabajado hasta un máximo de 12 mensualidades. Pero cuando la empresa tiene 25 o menos trabajadores el 40% de la indemnización es pagado por el Fondo de Garantía Salarial, es decir, por el estado. Este organismo también paga el despido individual si la empresa es declarada insolvente.
Como se ve la variedad de alternativas de despido y de condiciones de indemnización no son tan gravosas como nos dicen los empresarios; y sin embargo, desde el PP se preguntan cómo los sindicatos no le convocan una huelga al Gobierno –salvo la salida da pata de banco de Cayo Lara, al poco se ser elegido- y sí se la convocaban a ellos.
El PP no se atreve a decirlo abiertamente –y menos en período preelectoral-, pero ellos está a favor del despido libre bajo el eufemismo de “flexibilizar las condiciones del mercado”. Y no se atreven por miedo electoral, por falta de base argumental con los datos de paro que existen y por falta de alternativa real a la crisis económica que no sean las manidas recetas del control gasto público, bajada de impuestos o privatizaciones de todo lo público.
Pero esa falta argumental no es relevante porque en modelos económicos, una vez más, no nos movemos en áreas de análisis científico experimental, sino en el de las ideas, los valores, las ideologías en definitiva.
Pues si antes veíamos que somos “muchísimo más caros” que Dinamarca despidiendo, ¿cómo se explican los neoliberales y empresarios que casi tripliquemos su tasa de paro? Porque puestos a poner como ejemplos a modelos como el danés, no nos quedemos con lo de los costes del despido y llevemos hasta el final el ejemplo y extendamos a cuatro años el subsidio por desempleo, como hacen en Dinamarca. Pero, claro, entonces habría que subir las cotizaciones de la SS y a eso tampoco quieren jugar los empresarios.
Hay un dato de que el problema de la economía española no es la supuesta rigidez laboral, ni el coste del despido. Y es que entre 2000 y 2007, con la actual normativa, se crearon seis millones de puestos de trabajo. Más que los que Alemania, Francia e Italia juntos hicieron en ese período. El coste del despido no fue factor disuasorio para crear empleo y contratar nuevos trabajadores. Se vivían momentos de especulación y creación artificial de riqueza en la construcción y las recalificaciones.
El problema de España es la falta de un modelo económico productivo basado en la investigación, la calidad, la capacidad de innovar y emprender con riesgo. En las universidades españolas el 55 % de los estudiantes declaran que esperan ser empleados o funcionarios, sólo un 12 % piensan en montar una empresa.
