Tuesday, June 24, 2008

Bienvenida al PP

Después de cuatro años y tres meses, el PP se reintegra a la política.

Ha tenido que perder unas elecciones generales para darse cuenta de que la estrategia de 1993-1996 ya no produce los mismos resultados. El electorado no acepta una actuación de descalificación absoluta del contrario, ni de ataque frontal a lo que no se amolde a los dictados de unos autoerigidos voceros de la “Verdad”; que no dudan en poner en tela de juicio a instituciones estatales como la judicatura, la policía o la monarquía.

Ha sido terminar el congreso y han descubierto el “talante”. Montoro se carcajea de las medidas de ahorro del Presidente en los sueldos de los altos cargos de la Administración, y nos deja buen sabor de boca en esa crítica. Nuevos modos que se agradecen frente a los avinagrados de Acebes o Zaplana.

Dice Rajoy que no se cambian los principios, ni los objetivos, sino las formas. Y si bien esto no es más que marketing, como en los productos de gran consumo, al final el envoltorio acabará siendo más importante que el contenido. De modo que el contenido será el envoltorio y viceversa.

De momento, dos personajes centrales del PP: la portavoz en el Congreso y la Secretaria general del partido muestran un perfil de un laicismo en sus hábitos que chirría con los modos de sacristía de la anterior dirección.

Las dudas sobre Rajoy son si su camaleónica persona aguantará una derrota en el País Vasco –soplo de aire fresco para Aguirre- y si su cambio en las formas contaminará las esencias del partido, como temen los críticos, hoy agazapados en espera de mejores ocasiones, y parecen desear esos votantes que fluctúan entre PSOE y un partido de centro derecha que hoy no es el PP.

De momento el Juan Español está negro por la estulticia de un Rodríguez Zapatero incapaz de reconocer que lo que tiene entre manos es una crisis, y más preocupado por añadirle significados al diccionario de sinónimos que de tomar medidas eficaces.

El PP lo tiene fácil en esta legislatura si se atiene al “es la economía, estúpido” de Clinton, ante un gobierno que sólo sabe decir que no hay mal que cien años dure.