Friday, February 27, 2009

Oligopolio

Cuando los máximos responsables de las grandes empresas se reúnen para hablar de “sus cosas” ya sabemos quién va a pagar los gastos de sus opíparas comidas: los clientes.

Los oligopolios tienden a crear reglas de competencia ficticias en las que todo está diseñado al milímetro para controlar el comportamiento del ciudadano. Los mecanismos de reparto de cuotas de mercado o de segmentos de población están pactados al detalle. Nadie, salvo que se aísle como Robinson Crusoe, puede escapar a esas reglas. Si quiere tener teléfono, o ADSL, o luz, o gas en su casa entrará en una maraña tan complicada de ofertas y contraofertas, aparentemente distintas, que al final se quedará como está: preso de la empresa dominante en esa área geográfica.

Cuando se reúnen los presidentes de las grandes corporaciones para pactar en secreto el precio de la energía, de los vuelos o de los alimentos básicos los mecanismos de defensa de la competencia mundial se movilizan para atajar semejantes sinvergonzonadas en cuanto se enteran.

Si en un mundo globalizado también se globalizan las estrategias; y si lo que se muestra como eficaz para vender hamburguesas también puede serlo para vender camisas. ¿Por qué no aplicarlo a la religión?

Algo así han debido de pensar los CEO de las tres grandes religiones monoteístas, que en esta aventura han liado, para hacer bulto, a los empresarios de otras religiones menores como budistas, evangélicos u ortodoxos, sin olvidar a los exóticos sintoistas, en Madrid, en esta semana.

En la titulada Conferencia Internacional para el Diálogo que el rey de Arabia Saudí, Abdalá Bin Abdulaziz Al-Saud, uno de los déspotas de Oriente próximo, anunció en la Conferencia Islámica Internacional para el Diálogo celebrada a finales de mayo pasado en La Meca, se celebrará en Madrid del 16 al 18 de julio, reunirá a una buena representación de los charlatanes más relevantes que hoy corren por el mundo.

A tan magna ocasión se han apuntado los reyes de España y de Arabia Saudí y el secretario general de la Liga del Mundo Islámico (LMI), Abdullah Ibn Abdul Mohsin Al-Turki. También participa Jorge Sampaio, ex presidente de la República de Portugal y desde 2007 Alto Representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones. Ésa vacua idea de Rodríguez Zapatero que no termina de arrancar, pero que al que le sirve -esta reunión- para darle un poquito de aire y de paso enfangarse aún más en ese despropósito de unir cultura y religión como un único fenómeno sin alternativa posible.

La reunión de estos prebostes del dogma se cobija bajo el paraguas del pluralismo y el diálogo religioso. Que paradoja. Que importa que unos y otros anatematicen a diestro, poco, y siniestro, siempre, cualquier idea de libertad de pensamiento por evidente que sea. Aquéllos, los dueños de la Verdad Absoluta han descubierto las leyes del mercado y en el escenario de Madrid están dispuestos a presentar la temporada otoño-verdad, invierno-eternidad, que se llevarán en los próximos tiempos.

No esta en la agenda de esta pasarela Cibeles de la intolerancia el firmar la Declaración Universal de los Derechos Humanos por el Estado Vaticano, ni el aceptar a la mujer como persona en Arabia Saudi o en condenar la infibulación o a la pena de muerte…, esas minucias se las dejarán a los intolerantes de los librepensadores, ateos y laicos que tanta bulla meten con ello y tan lejos les cae a estos dignos representantes de los dioses en la Tierra.

"Los profetas son hermanos, con diferentes madres pero una sola religión", proclamó el rey Abdalá en La Meca. Es decir; el mercado es uno y muchos sus distribuidores. No nos peleemos por la tarta que hay para todos si nos organizamos bien. El peligro para el mercado-religión no está en el otro proveedor, sino en el que rompe las reglas del mercado y niega la mayor: que sea necesario el consumo del producto.

Ya lo avisaron Marx y Engles “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes...”. Hoy el fantasma es el laicismo: es más universal y ante él se alían los papas y polizontes morales de todo el mundo.

No sería nada extraño que llegasen a una declaración conjunta de buenos deseos para la paz y el futuro del mundo, para a continuación regresar a sus respectivos palacios a negar, una vez más, la libertad de pensamiento, los derechos más elementales a millones de personas y a hacerse cómplices de las miserias de un sistema basado en la explotación de los recursos y de los más pobres de los países del tercer mundo para mantener un despilfarro suicida en el plantea.
La religión va entendiendo las ventajas del mercado; sus CEO la oportunidad de pactar sus estrategias; sus seguidores la eficacia de aplicar las herramientas de marketing; y a los ciudadanos en general sólo les quedará protegerse con una buena dosis de escepticismo de las andanadas de hermandad y armonía conciliar que les espera; y a los ateos prepararnos para ser señalados como los nuevos culpables de todos los males pasados, presentes y futuros.

Dos telediarios

A Mariano le quedan, literalmente, dos telediarios. El del viernes y del sábado. Para el del domingo estará en la UCI con una esperanza clavada en las costillas y varios copes en la espalda. De pronóstico reservado.

Su desconsolada Soraya, amigos -si los encuentran- y deudos –que pocos se reconocerán así-, rogarán una oración por su alma.

Y es que Mariano no tiene mucho donde agarrarse. Las tramas de espías, los pufos del amigo Correa, los apoyos envenenados de El Mundo y para remate el tesorero nacional con las manos en la masa.

Sin embargo, y como dicen los taurinos, hasta el rabo, todo es toro. ¿Qué le salvaría in extremis? Que Feijóo ganase prfffff…en Galicia. Perdón por la risa tonta. Pero como eso es bastante improbable, pues lo suyo no tiene cura. Porque esperar que lo haga Basagoiti en el País Vasco es ya de traca. Con un canto en los dientes se dará si sólo pierde tres escaños.

Lo dicho, que el bueno de Mariano está más desahuciado que un pavo en Navidad.

Así que de la UCI no sale. Arrastrará un penoso proceso hasta que en junio, y tras repetir éxitos en las europeas, pase directamente al coma. Entonces, una mano piadosa le desconectará. El PP apoyará la eutanasia in articulo mortis.

(25/04/09: Hay que reconocer que para profeta no tengo precio).

Las preguntas de Juanjo

Este Juanjo es gilipollas. Ya sé que este no es un comentario políticamente muy fino, pero es el que me sale a bote pronto tras leer las dos memopreguntas que quiere hacer.

Si creíamos que la pregunta más torticeramente enrevesada era la que el PSOE planteó en 1986 con motivo del referéndum sobre la permanencia de España la OTAN, vemos que todo es susceptible de empeorar, y en el caso de que participe un jesuita nacionalista, hasta límites impensables.

La primera memez que quiere preguntar es: “¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?”

A mí, que ETA manifiesta su voluntad en uno u otro sentido es que me la suda. La única voluntad de ETA que me interesa es la de su suicidio.

Planteada la pregunta en ese tonillo de “proceso de final dialogado de la violencia…” es que me repatea. ¿Qué coño espera este idiota que diga la gente: “que no”? Porque es lo que a mí me pide el cuerpo, responderle que NO. Que lo que quiero es cargarme de forma “inequívoca” a ETA y a los que se la cogen con papel de fumar con esas declaraciones sobre “el derecho a decidir del pueblo vasco” mientras la mitad de los diputados y concejales en el País Vasco van con escolta y nunca pueden bajar a un parque a pasear con su amigos o hijos por el peligro de muerte en que les pondrían.

Hay que ser un mal nacido para olvidarse de los recientes asesinatos y continuar con las martingalas de siempre, que dan cobertura a los asesinos. Como en el caso de la Mafia o La Camorra, unos asesinan y extorsionan y otros dan apoyo social. Pero supongo que los teólogos del nacionalismo vasco ya han pensado en cómo explicar esta palpable contradicción.

Más de lo mismo

Hoy un soldado israelí ha muerto en un atentado al norte del paso de Kissufim (Gaza). Poco después un civil palestino moría por los disparos de los soldados isarelís en la misma zona.

Es el inicio de la espiral. Un atentado, un contraataque. Un misil Kassam, un bombardeo. Al cabo de unos meses habrá una invasión de Gaza y se repetirá la historia. La UE hará altisonantes declaraciones y USA mirará para otro lado. Al final los muertos civiles de uno y otro lado se contarán por unidades o centenares. Eso sólo preocupa a los que miramos desde fuera. A los muertos ya ni les dará igual.

Unos argüirán el derecho a defenderse de las agresiones de los otros. Las víctimas no dirán ni mu en sus entierros. Si se mantiene el derecho de cualquier Estado a defenderse, como forma de explicar la acción de Israel en Gaza, se podría, en la misma medida, decir que Palestina lo hacía ante el bloqueo total que el Estado de Israel había impuesto unilateralmente a una parte de su territorio (Gaza). Pero ni Palestina tiene el estatus de Estado, ni Hamas el de ejército regular, ni sus acciones la consideración de actos de guerra, ni a la otra parte de Palestina (Al Fatal) les importa un comino si Israel machaca a Hamas, ni Israel combate con un ejército regular, si es que eso tiene ya alguna importancia en esta degollina consentida de civiles.

Alguna consideración deberían tener los aspectos antes comentados, sobre todo cuando se quiere conseguir la comprensión de la Comunidad Internacional o su reconocimiento, y esto va por Israel y por Hamas.

Y si esos aspectos son importantes, e Israel se defiende de ataques terroristas, las medidas deben estar acordes con las circunstancias. Si se persigue a terroristas, se emplea a la policía, no al ejército. Si se combate contra terroristas se detiene a sus miembros, no se bombardea un edificio de vecinos a ver si de paso nos cargamos al cabecilla de los terroristas. Esos métodos no son muy diferentes de los terroristas hoy y de los nazis ayer.

Pero con independencia de si son nazis, terroristas, fundamentalistas o vulgares asesinos nada va a cambiar, con o sin Obama, en Oriente próximo.

La única solución es la intervención armada contra ambas partes, como se hizo en Yugoslavia y en el Libano. Mientras tanto… al terrorismo de Hamas, Israel opondrá el suyo.

Thursday, February 26, 2009

Coincidencias y evidencias: estrategia.

Hay coincidencias y evidencias. Las primeras, indican una secuencia temporal íntimamente relacionada. Las segundas, una prueba objetiva. Y la primera no tiene nada que ver con la segunda.

Un vecino, al que le revientan la casa con una bomba, se arma con una maza y les hace puré a los libertadores del pueblo vasco una cantina. No hay equiparación posible. En la casa se vivía. En la cantina se bebía. El vecino es un “agresor fascista”. Los libertadores son los agredidos; aunque ninguno tenga que llevar escolta, ni mirar bajo el coche y duerman en su casa sin temor de saltar por los aires.

La coincidencia: a la bomba le sigue la maza. Las evidencias: la bomba y la maza.

Una asociación consigue que el Gobierno le incremente en un 32 % los ingresos anuales recaudados del IRPF de todos los españoles, después de haberse comprometido –y no cumplido- a autofinanciarse, y esa asociación acusa al Gobierno de querer eliminarles -será ahogándoles en oro, como con los codiciosos conquistadores de Cortés hacían los aztecas-. El Gobierno mantiene –con los impuestos de todos- a una asociación que día sí y otro también les acusa de pervertir, corromper, destruir a todo lo imaginable y encima son los “agresores”. La asociación de marras pone el cazo y encima se queja de lo maltratada que está en esta España, antesala de Sodoma y Gomorra.

La coincidencia: al ataque de la asociación sigue el tintineo del dinero. Las evidencias: incremento del 32 %.

Un juez recibe de unos ciudadanos información con grabaciones sobre prácticas corruptas en ayuntamientos, autonomías, etc., del PP; que le llevan a abrir unas investigaciones y a tomar declaraciones a particulares y políticos aforados o no, a decretar prisiones… y eso es una conspiración del juez. Un Mariano Rajoy, en estado preagónico, se agarra como a un calvo ardiendo a una montería organizada por un propio militante del PP, para acusar a juez y Ministro de Justicia de complot contra el PP. La montería es pública y con testigos. La invitación parte de un PePero y es una conspiración. Pues vale. El presidente Camps se reúne en secreto con el que fuera su Consejero de Justicia y hoy vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, que declara que lo del juez puede ser prevaricación, y eso no es complot.

La coincidencia: a la apertura de una investigación, le sigue una montería y el resucitar de Mariano. Las evidencias: grabaciones y declaraciones en tromba del PP.

Pero por encima de coincidencias y evidencias está la estrategia. La que logra que lo imposible sea realidad. La estrategia de la “santa desvergüenza”. Algo que en los ámbitos de Batasuna, Iglesia católica y Partido Popular practican por convicción y devoción; y más desde que el beato y acelerado santo Escribá de Balaguer lo incluyera en su Camino como una de las virtudes del cristiano ante los enemigos de la fe. Y que mayores enemigos que la libertad en el País Vasco, la laicidad del Estado o la ausencia del Poder.

Tuesday, February 10, 2009

Tocado y hundido

Dicen los que saben, que en el Grupo Parlamentario Popular se habla abiertamente del final de Rajoy. Que está noqueado y sin apoyos, salvo el que le presta una fiel Sainz de Santamaría. Lo que empezó siendo una trama muy sucia de espionaje a lo Mortadelo y Filemón entre los eternos eneamigos Esperanza y Alberto se ha complicado con la trama de corrupción municipal y autonómica que algunos concejales del PP han destapado y puesto en bandeja a Garzón.

Peor, imposible. ¿O sí es posible? Por que esto no ha hecho nada más que empezar. A Rajoy le ningunea hasta el alcalde de Boadilla. ¿Cómo le van a respetar en su grupo parlamentario?
En el PP están más preocupados por las tramas: espionaje en la CAM, comisiones en ayuntamientos…, que por la crisis económica. Cómo van a ser creíbles cuando critican al Gobierno si ellos no pueden ni asegurar que mañana seguirán en la calle.

Dos comunidades bastión de la fortaleza del PP: Madrid y Valencia están tocadas. "Pongo la mano en el fuego por todos mis consejeros", dijo Aguirre hace 10 días. Pues se ha quemado. Mira, Granados en eso fue más listo. A Camps le compran los trajes en Milano. Por favor, si aún fuera en Armani, pero en Milano. A un político de su nivel y elegancia. Lo que ha perdido el PP valenciano desde que no está Zaplana.

Y Rajoy, en estado comatoso; Aguirre, soltando lastre; Granados, esquivando cohechos; ya no tienen tiempo ni para atacarse. Y el presidente de la comisión de imbestigación de los espías, Benjamín Martín Vasco, admite que es amigo de Francisco Correa, y con dos kilitos de más por las “comidas” –mordidas, del empresario encarcelado-. Está todo tan liado que poco o nada parece que quedará en pie de la alternativa en permanente camino al centro… del desastre.

Rajoy está acabado. En parte por su incapacidad para sentarle la mano a más de uno y una, en parte por la bola de corrupción que amenaza con llevárselo todo por delante. Pero también parecía acabado en marzo de 2008, cuando amagó con dimitir y, tras uno de sus silencias que ponen de los nervios, sacó pecho e invitó a alguna a marcharse al partido liberal. ¿Resucitará otra vez? Pero si lo hace tendrá que cortar muchas cabezas y meter en vereda a los “ideólogos” de la FAES.

Y, mientras, Gallardón no dice esta boca es mía, a la espera de su oportunidad.

Monday, February 09, 2009

Eluana

Hay un chiste que dice que la medicina ha avanzado tanto que es imposible salir de un examen médico sin que te encuentren algo.

Esos avances han salvado millones de vidas: neonatos que con sólo 800 gr., salen adelante, transplantados de riñón, hígado, corazón… que pueden llevar una vida normal. Pero lo que es un avance, motivo de alivio y chiste para millones de personas, se convierte en ocasiones en tragedia para otros.

Eluana se mató hace 17 años. Los médicos, cumpliendo con su deber, intentaron conservar el último aliento y esperanza que cabía aplicando todo lo que su conocimiento y la técnica les permitía. Y ¿triunfaron? La familia también esperaba un milagro. Lo esperaron durante ¿días, semanas, meses, años…? Al final nada de lo hecho ha servido para que Eluana haya salido de su estado vegetativo.

Eluana está muerta. Su familia lo sabe. Los médicos lo saben. Todos lo sabemos. Sin la ventilación asistida, sin la alimentación por sonda, sin el controlador cardiaco no habría vida, por extraña que resulte esta palabra en esas circunstancias.

En su actual situación sólo cabe esperar que el organismo de una mujer con 17 años de inmovilidad absoluta y bajo mínimos se vaya deteriorando hasta que ni la mejor de las tecnologías logre dar una chispa de vida a la menor de sus células. Es de una crueldad repugnante.

A Eluana ya nada le afecta. Murió hace 17 años. Pero su familia no puede cerrar su duelo porque la intransigencia de un gobierno, dirigido por uno de los más corruptos de los políticos italianos, y una iglesia regodeándose en el camino del dolor expiatorio, ha levantado una campaña contra lo que es una medida de humanidad elemental: dejar que una familia entierre a su hija y haga el duelo.

La hipocresía de Ratzinger y de Berlusconi dan asco.

Sunday, February 08, 2009

Pseudociencia y Recursos Humanos II

En un anterior artículo repasaba algunos magufos que se han ido instalando en el campo de la psicología aplicada a la empresa, en el área de los Recursos Humanos. Trataba sobre tres muy populares en selección y formación: la morfopsicología o caracteriología, la grafología y el más que esotérico Eneagrama. Y dejaba para otros artículos al psicoanálisis y al polígrafo.

Hoy le quiero dar un repaso al polígrafo. Éste ya ha superado su fase tomatera en la telebasura de TV y comienza a ser habitual que nos lo encontremos en artículos pretendidamente serios en revistas del mundo de la empresa y de los Recursos Humanos.

Primeramente, habría que recordar que el polígrafo, como todo “aparato científico”, no sirve para nada si los datos que se extraen de él no están en relación con hechos comprobables; en este caso con las conductas observables o inferidas del sujeto examinado. Y en esto, el polígrafo, entra de lleno en la pseudociencia por su halo de pretendida exactitud biomédica y palabrería pseudocientífica.

Pero antes de continuar expliquemos qué es un polígrafo. El polígrafo o “detector de mentiras” es, en palabras de los poligrafistas, “un instrumento de gran sensibilidad y precisión, capaz de registrar de forma continua en un gráfico las variables fisiológicas que se producen en el organismo de un individuo estimulado psicológicamente mediante determinadas preguntas.” Decir esto y nada es lo mismo, pues con este criterio un análisis de sangre o un escáner serían también un “detector de mentiras”.

En realidad, un polígrafo consiste en un registrador fisiológico que determina tres indicadores del sistema autonómo: la presión del corazón, la respiración, y la conductividad de la piel. El índice y la profundidad de la respiración son medidos por los neumógrafos con cintas que envuelven el pecho. La actividad cardiovascular es determinada por la presión arterial. La conductividad de la piel o respuesta electrodérmica (RED) se mide por electrodos en las yemas de los dedos.

Así visto, en realidad el polígrafo es básicamente un sistema de biofeedback camuflado de todo aquello que el electromiografo (EMG), el electroencefalograma (EEG) o el electrocardiograma (ECG) registran; como es la actividad eléctrica generada por el músculo estriado, o el estudio funcional del sistema nervioso periférico (SNP), de la placa motriz y del músculo esquelético, la frecuencia cardiaca, la actividad cerebral… tanto en condiciones normales como patológicas. Esto, en cuanto a sus variantes diagnósticas.

En su variante terapéutica, los diversos sistemas de biofeedback, se utilizan para enseñar a los pacientes a controlar aquellas actividades que dependen del sistema nervioso autónomo (SNA) y de las que sólo somos conscientes de su funcionamiento cuando sufren alguna alteración, que se manifiesta en forma de arritmias, taquicardias, ansiedad, cefaleas o migrañas, ataques de pánico, sudoración excesiva, alteraciones intestinales…

El origen de la biofeedback está en el neuropsicólogo Neal Miller, quien a finales de los años 60 aplicó a humanos las posibilidades de control que había observado en conducta animal en el laboratorio, sobre la tasa de ritmo cardiaco y temperatura corporal en ratas.

Miller construyó un aparato en que la información recogida por los electrodos se mostraba en una pantalla, de modo los sujetos podían ver la temperatura de la piel, y les enseño a relajarse y concentrarse de forma que éstos relajaran la musculación lisa de los vasos sanguíneos periféricos y con ello descendiera la temperatura de la piel.

Pero la denominación de biofeedback se debe a la Dra. Barbara Brown, una de las fundadoras de Biofeedback Research Society, hoy transformada en la Association for Applied Psychophsiology and Biofeedback.

Los aparatos de biofeedback, en cualquiera de sus variantes (EMG, EEG, ECG…) sí que recogen datos exactos de un sujeto, con “gran sensibilidad y precisión, (registrando) de forma continua en un gráfico las variables fisiológicas que se producen en el organismo de un individuo”, pero en absoluto tienen nada que ver esas respuestas con que se diga la verdad o se mienta, o se le estimule al sujeto con preguntas pretendidamente comprometidas o críticas.

El poligrafista confunde la exactitud con la fiabilidad y ésta con la validez. Es innegable que un polígrafo recoge información fisiológica y ésta se muestra en gráficas, pero de ahí a que esa información muestre alguna relación con la verdad o falsedad consciente de las expresiones verbales de un sujeto hay un abismo.

Aunque aún tímidamente se ha empezado a utilizar el polígrafo como sistema de selección, hay ya una serie de artículos en revistas del mundo de la empresa y Recursos Humanos que “avalan” su calidad como sistema de selección de candidatos. Para ello ha bastado que su aparición en TV lo haya popularizado y que los sujetos sometidos a su escrutinio fuesen lo suficientemente populares como para que sus opiniones, tildadas por el polígrafo, de verdad o mentira, y “contrastadas” por la “sabiduría popular” sobre el sujeto examinado haya convertido al detector de mentiras en un icono de la fiabilidad personal.

En Otelo, Desdémona recibe con un gesto la sospecha de infidelidad que Otelo le lanza a la cara. Este gesto es interpretado como una prueba cierta de la semilla de los celos que Yago había puesto en Otelo. El gesto de Desdémona, que se debería interpretar como de dolor por lo que le supone de perdida de confianza en quien había depositado su amor, Otelo lo toma como confirmación de sus celos, pérfidamente alimentados por un amigo traidor. Otelo dedujo de su particular “detector de mentiras” que el gesto de dolor de Desdémona confirmaba sus sospechas y que dicho gesto era prueba innegable de haber sido pillada en el engaño. Establecía una relación directa entre gesto y engaño. El gesto era observable, luego el engaño era cierto. No se admitía otra alternativa.

Aquí, como en el polígrafo, una reacción involuntaria es interpretada como confirmación de lo que esperamos escuchar. Como bien señala Leonard Saxe, la idea de conocer la veracidad de un sujeto viendo los cambios psicofisiológicos en una hoja de papel es un mito. Incluso el término "detector de mentiras," referido al polígrafo, es un sin sentido. Ya que la "detección de la mentira" implica deducir el engaño con el análisis de las respuestas fisiológicas estructuradas a una serie de preguntas pretendidamente relevantes.

Para “ajustar la exactitud” del detector a cada caso concreto, los poligrafistas han elaborado un protocolo que, a la vez que les dota de un mayor halo de cientificidad, y les cubra de la “malicia” del sujeto examinado. Así, comienzan con una serie de preguntas de control o “prueba del estímulo” como criterio de la exactitud del instrumento en la detección del engaño. Estas preguntas se hacen, según los poligrafistas, para “controlar” el efecto amenazador que se le suponen a las preguntas “relevantes”, p.e: ¿Fue usted el que decidió separarse de…? frente a preguntas de control del tipo ¿Le gusta la tortilla? ¿Se llama usted…?

Con estas preguntas, y otras similares, se establece el “criterio de normalidad” para diferenciarlo de las “alteraciones fisiológicas” que se produzcan en el sujeto cuando se le hagan las preguntas “relevantes” o comprometidas.

Y la pregunta es, ¿si hay una línea base con las preguntas “inocentes” y con las preguntas “comprometidas” se altera esa línea, indica esto que se está mintiendo? En absoluto. Cualquier cambio en la tasa cardiaca, sudoración o cualquier otro índice puede tener decenas de motivos sin que ninguno esté asociado a la mentira o la verdad. Basta que la pregunta sea considerada como socialmente inadecuada por el sujeto para que se activen respuestas psicofisiológicas de ansiedad, sin que ello sea indicador de nada que tenga que ver con la verosimilitud o falsedad de la respuesta.

En muchos casos las respuestas “mentirosas” sólo son indicador del nivel de ansiedad del sujeto examinado a fallar en la prueba, de tal manera que lo que se toma como respuesta mentirosa no es más que ansiedad a no saber responder como se espera de él.

Los poligrafistas ignoran, o lo que es peor, no tienen en cuenta que existen “artefactos” en los procesamientos de datos que distorsionan la percepción de éstos. De modo que toman un hecho como la sudoración como un indicador “positivo” en la dirección que desean establecer como “verdad” o “mentira” en la respuesta del sujeto; sin considerar la variabilidad individual en las reacciones del organismo (personalidad), y sin poder asegurar que un sujeto sude igual que otro puesto en las mismas circunstancias, ni que su tasa cardiaca sea la misma.

Cuando un sujeto suda sólo podemos saber eso: que suda. Cualquier otra conclusión será aventurada.

Los defensores del polígrafo suponen que como estamos educados por nuestros padres, profesores, familiares a decir la verdad, cualquier respuesta que se apartara de la verdad que como sujetos conocemos nos activaría una respuesta psicofisiológica involuntaria e incontrolable que nos delataría. Y esta suposición, más formal que real, choca con la experiencia diaria que desde niños observamos a nuestro alrededor; cuando nos hacemos “cómplices” de mentiras socio-familiares sobre lo que se puede decir o admitir ante terceros. Incluso hay un cierto nivel de mentira social que estaría bien vista; como cuando le decimos a un enfermo de cáncer que le vemos muy bien o alabamos la gracia y belleza de un bebe ajeno, aunque sea más feo que Picio.

Y esto en sujetos “normales”, pero qué pasa cuando nos enfrentamos a psicópatas en que la norma social-moral es inexistente si no cuadra con la que ellos establecen. O qué pasa con los que se han entrenado a pasar la prueba, como ya ha ocurrido con agentes de los servicios de espionaje.

En la película “Los padres de ella” Ben Stiller -el novio-, es sometido por el padre su novia -Robert de Niro, agente de la CIA-, a pasar por el polígrafo para demostrar que no es lo suficientemente bueno para su hija Pam –Teri Polo-. Las preguntas son hechas en un ambiente tal de tensión por parte del padre al novio, que no hay pregunta que no sea motivo de sospecha de ocultación de la verdad.

Hay que decirlo claramente: el polígrafo no detecta ni la verdad ni la mentira, sólo detecta cambios psicofisiológicos. En un informe de 2002 la Nacional Academy of Sciences de Estados Unidos advierte que la “investigación en psicología científica y fisiología proporciona pocas bases a la esperanza de que la prueba del polígrafo pueda tener un muy alto nivel de aciertos”. Pero esto no desanima a los poligrafistas que siguen insistiendo en la bondad de la máquina de marras y en presentar tasas de acierto del 90 % como mínimo.

El problema para los poligrafistas es que no pueden demostrar que exista un único patrón de respuestas psicofisiológicas asociadas a la respuesta dada con intención de engañar.

La psicología fisiológica cuenta con una consolidad tradición científica, que se remonta a finales del XIX con Wundt y Galton, pero en ningún caso se puede basar la medición de datos psicofisiológicos en argumentos de verosimilitud de las respuestas de un sujeto. No es eso lo que defiende el método científico.

Sería conveniente que los profesionales de Recursos Humanos tuvieran en cuenta que en ciencias sociales ni la exactitud ni la eficacia viene determinada por el uso de medios técnicos o científicos, que el mito de la infalibilidad de la técnica es eso: un mito.

Seguramente, miente.

Publica el diario El Mundo en su edición del 4 de febrero un artículo de Juan Antonio Herrero Brasas, profesor de Ética Social en el departamento de Estudios de Religión de la Universidad del Estado de California en Northridge, que bajo el nombre de Dios probablemente existe desgrana, con más pena que gloria, una serie de argumentos, por llamarlos de alguna manera, que paso a rebatirle. Y la verdad, con bastante facilidad, y no por mérito propio, sino por la pobreza argumental del Sr. Brasas. Que parece mentira que haya logrado una plaza en la universidad de California con este nivel de razonamiento.

Comienza su artículo mencionando que el “conocido filósofo ateo” Antony Flew se ha convertido. ¿Y? Este hecho no aporta nada a la idea de que hay o deja de haber Dios. Si antes sus argumentos no eran considerados por los creyentes, ¿por qué ahora, cuando se convierte, adquieren un valor demostrativo de la agudeza de su pensamiento? ¿Será porque el creyente Brasas sólo coge lo que le interesa, cuando le interesa y cómo le interesa? No seré yo quien critique al conocido filósofo por cambiar de idea. Es algo que los laicos venimos defendiendo desde hace siglos: la libertad de pensamiento. Algo que los creyentes han perseguido históricamente. Aún hoy es delito mortal cambiar de religión en países como Irán o Arabia Saudi o Afganistán. Y no digo nada ser ateo. Es que te lapidan. En el cristianismo a los ateos los quemaban en la hoguera. Ahora, a los “intransigentes” laicos nos da igual si el bueno de Antony cree o deja de creer. Ya se sabe que en la ancianidad algunos chochean, como Gustavo Bueno.

En el mismo paquete argumental mete a Einstein y su famosa y manipulada frase por creyentes como el Sr. Brasas de que “Dios no juega a los dados”; para afirmar, mentirosamente, que Eisntein creía en Dios. Ha cogido una frase fuera de contexto para retorcer el pensamiento de Einstein, no sé si por ignorancia, algo imperdonable en un profesor de tan importante universidad, o por tendenciosidad. Probablemente por lo segundo. Lo que nos descubre la deshonestidad intelectual del Sr. Brasas.

Lo cierto es que esta frase de Einstein fue fruto de una discusión sobre física cuántica que mantuvo en 1925 con Erwin Schröndiger, Nihls Bohr y otros. En esa ocasión Einstein criticaba la ecuación que su colega había desarrollado partiendo de Broglie sobre la variante probabilística a la hora de localizar la posición de una onda, ya que para unas mismas condiciones, la ecuación podría dar dos resultados diferentes, es decir, dos posiciones distintas para una misma onda. Lo que nos lleva a la teoría de indeterminación de Heisenberg. Y en esta situación Albert le dijo al bueno de Erwin que se dejase de entelequias y que se fijara en las leyes universales de la física. La entelequia era “Dios”, y que lo que sucede en el universo no es cuestión del deseo azaroso de alguien que “juega a los dados”, sino que está predeterminado por leyes inexorables. Otra cosa es que no las conozcamos todas.

Pero ni Schröndiger ni Einstein hablaban de creencias religiosas y el meter la palabra dios por medio en la discusión fue un sarcasmo de Einstein, al que Bohr, alineado con las posiciones de Schröndiger en cuanto a física cuántica, le repuso con sorna “Deja de decir a Dios lo que tiene que hacer con el dichoso dado”. Y después se fueron de copas.

Mucho tiempo después Stephen Hawking se “sumó” a aquella discusión añadiendo que “Dios no sólo no juega a los dados, sino que a veces los lanza donde no podemos verlos”. Pero con esto hace referencia a la teoría del caos, tan ligada a la cuántica. ¿Será Hawking creyente? Ha dicho: Dios. Y además le llama “jugador empedernido”. Que falta de respeto.

Y de aquella humorada los creyentes han tergiversado la historia para contarnos la milonga de que Einstein creía en Dios. Algo absolutamente irrelevante para su brillante desarrollo teórico en física, pero que además es mentira.

En la correspondencia publicada de Einstein se puede leer en 1954 "Era, por supuesto, mentira lo que se lee sobre mis convicciones religiosas, una mentira que se está repitiendo sistemáticamente. No creo en un Dios personal y nunca he negado esto, sino que lo he expresado claramente, Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración de la estructura del mundo en la medida en que la puede revelar nuestra ciencia".

Y en otra carta al filósofo Eric Gutkind, en enero de ese mismo año: "La palabra dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto..."

Y sobre su condición de judío escribía en otra carta: "Para mí, la religión judía, como todas las demás, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío al cual pertenezco con gusto y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad no tiene ninguna cualidad distinta para mí que todos los demás pueblos. En la medida de mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, aunque están protegidos de los peores cánceres por una falta de poder. Por lo demás, no puedo ver nada 'elegido' en ellos."

Así que, Sr. Brasas, un poquito de seriedad en las citas. Aunque viniendo de donde viene, ¿qué se podía esperar?

Luego la emprende con el “argumento cosmológico”, y aquí, en serio os lo digo, estuve tentado de dejar de leer. Cómo es posible que todavía haya quien saque este argumento y pretenda ser profesor universitario. Es de expediente fulminante.

El tal argumento es el nuevo ropaje con el que se camuflan las “cinco vía de santo Tomás de Aquino.” Escolástica en estado puro. Algo de museo. Como con su denominación original se reirían de él hasta los bedeles, lo llaman “Argumento cosmológico”, que es más fashion y puede volver a colarlo de matute. Es como lo del “Diseño inteligente” para rebatir la teoría de la Evolución. De risa.

Como las limitaciones de las cinco vías son ampliamente conocidas no insistiré más en este punto. No merece la pena. Salvo que alguno quiera resucitar polémicas que ya quedaron resueltas en el XVII.

Continúa el artículo con otras afirmaciones gratuitas, como que la física tiene leyes arbitrarias. Se ve que es de letras y lo de la física cuántica no lo acaba de asimilar. Quiere hacernos comulgar con ruedas de molino, y como él, y cualquiera sabe, que la física actual no puede explicar al cien por cien todas las situaciones del universo atómico y subatómico, nos mete de rondón el que Dios existe. Es decir, que si no sabemos algo, es que Dios existe. Pues vale. Si eso le tranquiliza intelectualmente es que se conforma con muy poco. Debiera darse un paseo por algún manual de física elemental moderno y leer algo sobre la Teoría de campos unificada. Se evitaría decir algunas tonterías.

Donde se cubre de gloria es en el ejemplo del cerebro y el pensamiento con su analogía de internet. Da tales saltos entre pensamiento, lógica booleana (la que usa Google en sus búsquedas, por ejemplo) y alma, que se siente vértigo al leerlo. Es un totum revolotum de analogías bastantes pedestres. Este punto necesitaría un capítulo íntegro, así que aquí lo dejo, pero si alguno se anima a debatirlo, como en el caso de las vías de Tomás de Aquino, le espero.

Y por último, y por no enrollarme más, se despacha afirmando que Dawkins hace afirmaciones disparatadas. ¿Más que las suyas? Imposible. Y ya puestos a afirmar, ¿por qué no nos ha puesto algún ejemplo que ilustre esa afirmación? Quedaría tan bien. O, ¿es que no las encuentra, a lo mejor porque no lo ha leído y habla de oídas? Como cuando afirma que la “militancia científica [atea] conduce a ignorar, o incluso falsear, datos y eventos que constituyen un reto al conocimiento científico.” ¿Sí? Por favor, algún ejemplo. Porque de cómo él falsea una cita de Einstein para hacerle decir lo que nunca dijo sí que tenemos constancia en el artículo de marras.

O de cómo los creyentes han quemado libros por ser heréticos o llevado a la hoguera a científicos o les han obligado a renegar de sus teorías -verdad Galileo-, sí tenemos noticias; o de cómo se han opuesto al avance científico, como cuando el concilio de Le Mans, en 1248, prohibió la cirugía a los cristianos, porque era practicada mayoritariamente por judíos y musulmanes; o como cuando Vesalio tuvo que dedicar su De humani corporis fabrica al emperador Carlos V porque corría el peligro de ir a la hoguera, ya que la Iglesia prohibía la disección; o como cuando se condenó a Jenner por la iglesia católica por introducir la vacuna de la viruela, de tal modo que en 1885 se produjo un brote de viruela en Montreal; y mientras en los barrios protestantes se vacunó a la población, y el número de muertes fue muy escaso. En los barrios católicos, se prohibió la vacunación, diciéndose en las iglesias a los aterrorizados fieles que la causa de aquella mortalidad selectiva era el carnaval que habían celebrado el año anterior, ofendiendo al Señor con el pecado de la carne; o como cuando se opuso al uso de la anestesia en los partos y se acusó a su descubridor, James Y. Simpson, de incumplir el mandato divino de que las mujeres parieran con dolor; o como cuando se opone a la investigación con células madre que podrían salvar miles de vidas de enfermos hoy incurables.

La miseria de la creencia religiosa que el Sr. Brasas representa sí que es un caso de ignorancia, y criminal. Y hasta la fecha ninguna religión se ha disculpado por ello ni hecho la más mínima autocrítica o acto de contrición.

Wednesday, February 04, 2009

La deflación

Hace sólo un año todos andábamos preocupadísimos con los precios de los pisos. Con la subida del barril de petróleo. Con la inflación por encima del 5 %. Con la leche en bote. No ganábamos para sustos. Y nos acordábamos cuando los pisos valían la mitad, el barril no pasaba de los treinta dólares, la inflación era del 2 % y teníamos pelo.

Y ahora que la inflación es del 1.4 %, el barril ronda los 45 dólares y por comprar una casa te regalan un coche, estamos que no nos llega la camisa al cuerpo. Esto es un sin vivir.

Y ahora, que resulta que los precios están por los suelos, los bancos no sueltan un duro, los empresarios no pueden mantener sus negocios abiertos, los clientes no compran ni un pirulí, los comerciantes tiran los precios, los sindicatos amagan y no concluyen, los políticos dan palos de ciego y los economistas, esa especie de bruja Lola con máster, no atinan una, resulta que si malo era que los precios estuvieran altos y fuera del alcance del común de los mortales, peor es que estén por los suelos.

Que por los suelos tampoco están. Simplemente han dejado de robar un 1.000 % en el precio final; y se conforman con un 500 %. Así se escandalizan –los constructores, por supuesto- de que antes pedían 600.000 € por un estudio en un quinto sin ascensor y se lo daban, y ahora no lo venden ni por 300.000 €. Una ruina.

Pero mira, con esto de trincar a los comisionistas en Boadilla y aledaños a lo mejor se reducen los precios a niveles de país del primer mundo.

Y a todo eso de bajada a lo bruto de los precios lo llaman deflación. Y la deflación le pone los pelos de punta a todo el mundo. Bueno, a todo el mundo que ha vivido de inflar los precios. Porque a los agricultores que cada año les pagaban menos por los tomates mientras en el mercado cada vez valían más, esto de la deflación les da risa. Llevan con ella años.

Dice Wikipedia de la deflación: “es la caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios en una economía. Es el movimiento contrario a la inflación.” Hasta ahí llegamos. ”Los precios disminuyen … por una falta de demanda, y es mucho más maligna, y temida por los empresarios que la inflación.” Ya te digo. “Los comerciantes tienen que vender sus productos para cubrir al menos sus costes fijos, por lo que bajan los precios. Con los precios bajando de forma generalizada, la demanda se disminuye más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar, si mañana todo será todavía más barato. [] Dado este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo.”

Pues muy bien. O sea; Borja Mari, que si tú no te compras el yate hoy es porque eres un cochino especulador que quieres sacarlo mañana a precio de bote de remos. Ya te vale.

Y los 3.330.000 parados son unos insolidarios que no se gastan un céntimo. Vengándose así de la economía. Y se equivocan, ahora es cuando pueden sentar las bases de su futuro imperio económico comprando a mansalva. Si es que no tienen ni puta de economía.

Y es que hemos pasado de vivir como nuevos ricos a mirar la peseta más que a un poster central de Playboy. Tras un período de estanflación, donde los precios se estancan a la vez que la economía, hemos pasado a otro en que bajan, sobre todo en productos de consumo, textil y gama blanca. Muy parecido a lo que pasó en Japón en los noventa y las pasaron canutas.

Y los historiadores económicos nos recuerdan, que antes del gran castañazo del 29, en EEUU hubo un período de deflación. Por lo que lo que aún queda es lo peor, para los pobres. Pero ha sido así siempre. Así, que como ya deben de estar acostumbrados, no hay porqué preocuparse. Ya saldrán adelante. Y en esta situación los que mejor lo pasarán serán los que tengan liquidez: comprarán a la baja cuando todos venden, y venderán al alza cuando todos quieran comprar. ¿A qué esperáis? Hay que reactivar la economía a golpe de Visa.

Pomadita para Intereconomía

Fernando González Urbaneja se ha columpiado, pero bien. Ha querido investirse de toda la autoridad que le da el ser presidente de la APM para intervenir como arbitro y ha equivocado el tiro, tomando parte y criticando de una forma desconsiderada la trampa puesta por el Gran Wyoming.

El Gran Wyoming -cada vez más grande-, no es un periodista ni su programa un informativo. Lo ha recordado él y lo han olvidado los que hablan de manipulación informativa. El montaje de La Sexta era una trampa, sí. Pero una trampa que cualquier alumno de primero de periodismo hubiera desmontado con una llamada telefónica. Algo que los autodenominados periodistas de Intereconomía no hicieron. Cegados por su sectarismo dieron por bueno el vídeo que les llegó de una fuente anónima.

Día, sí. Y día, también, en Intereconomía deforman las noticias, insultan a otros medios, a otras personas, mienten con absoluto desparpajo, se embarcan en acciones de tan dudosa legalidad como intentar la compra de los abogados en el proceso que se está llevando a cabo en Castellón con el seguimiento del presidente de la diputación de aquella provincia, el popular Fabra; y eso no merece la más mínima llamada al orden del Sr. Gónzalez Urbaneja.

Mejor haría el presidente de la APM en preocuparse por la ecuanimidad de la información que se da en ciertas emisoras de radio y TV y menos en criticar las parodias de un humorista.

Porque no lo olvidemos. El Gran Wyoming es un humorista y se ríe de su sombra. Sus “informaciones” son parodias –en ocasiones más ciertas que la propia realidad-, no noticias objetivas. No pretende informar, sólo entretener. Los de Intereconomía, dicen ellos, sí dan “noticias objetivas y veraces”. Esa es la diferencia. Por ello, la bufonada, genial, de La Sexta es eso: una astracanada con la confesada intención de poner en ridículo a quien hace de su profesión -la de periodista- una burla diaria. Eso sí que debería preocuparle al Sr. González Urbaneja. Eso sí que desprestigia al periodismo. Y no una jugada a mala leche, pero con gracia, de un humorista.

Además, de qué prestigio profesional se preocupa don Fernando a estas alturas, después de las actividades de Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos, Carlos Dávila, Pablo Sebastián, Luís María Anson y otros viejas glorias del Sindicato del Crimen.

A Intereconomía la han dejado con el culo al aire. Y eso escuece. Pomadita.

Tuesday, February 03, 2009

El mito del talento

“64 k deberían ser suficientes para todo el mundo”. Bill Gates, 1981.

Ahora, que estamos metidos hasta el cuello en la peor crisis económica desde 1929, sería bueno darle un repaso al talento del que han hecho gala decenas de líderes financieros, políticos y analistas de prestigiosas empresas de asesoría empresarial. Y nada mejor que hacerlo repasando el origen del concepto sobre la “Gestión del talento” en su aplicación más afamada y en la consultora inventora del asunto.

Hace ahora poco más de diez años que los consultores de Mckinsey Ed Michaels, Helen Handfield-Jones y Beth Axelrod publicaban un artículo en la revista que trimestralmente edita esta consultora con el título de La guerra por el talento (noviembre de 1997). Definieron a la persona con talento como aquel que posee "un fuerte pensamiento estratégico, con capacidad de liderazgo y de comunicación, capaz para atraer e inspirar a la gente, instinto empresarial, habilidades técnicas y que consigue éxitos". Esta idea causó gran impacto en todos los líderes empresariales, y después de leer este libro identificar, seleccionar, motivar, retener y promocionar a los poseedores de estas cualidades se convirtió en su primer objetivo como líder empresarial. Y quien no tenía esta declaración en su Visión era un apestado.

Para su estudio, los consultores de McKinsey habían enviado miles de cuestionarios a directivos de todo el país, más de 13.000 y, además, seleccionaron 18 empresas a las que visitaron y dedicaron especial atención. Querían mostrar cómo las empresas con los mejores resultados se diferenciaban del resto por algo muy específico en su gestión de las personas. Mostraban que las mejores empresas tienen directivos obsesionados con la cuestión del talento. Que estas empresas seleccionaban sin parar a los mejores de cada universidad o escuela de negocios, los pagaban salarios muy por encima de su experiencia y los promocionaban rápidamente. Los convertían en estrellas dentro de la organización. Una de esas empresas visitadas, en la que hablaron un buen número de directivos de ella, y de la que hicieron paradigma del éxito aplicado de su teoría de la gestión del talento, fue Enron.

En Enron tenía McKinsey uno de sus más firmes pilares económicos y de imagen del éxito de su teoría: proyectos por más de diez millones de dólares al año y la predisposición favorable en el presidente, antiguo socio de McKinsey, Jeffrey Skilling, para desarrollar estas ideas con todas sus consecuencias. Él mismo podría ser considerado como un ejemplo de ese modelo. Diplomado por Harvard, director de producción con 16 años de una cadena de TV, el socio más joven de McKinsey, seguro de sí mismo hasta la arrogancia… era la imagen palpable de la teoría del talento según la planteaban Michaels, Handfield-Jones y Axelrod.

Como consultor de McKinsey Skilling trabajó en Enron desde 1987, ayudando a crear su área de negocio en gas natural. Lay, presidente de Enron, se fijó en el y le nombró en 1990 CEO de Enron Finance Corp.

Una de las primeras medidas de Skilling fue crear la división corporativa Enron Capital and Trade, y emprender una campaña para reclutar a todos los “talento” y MBA que pudiera. De 1990 al 2000, Enron contrató alrededor de 2.500 MBA recién graduados. Como dijo un antiguo directivo: “organizábamos los sábados entrevistas a algunos recién titulados de Harvard; esos chicos me superaban en todo. Sabían de cosas que yo nunca había oído”.

Se les pagaba muy por encima de la media del sector y a los más productivos de manera desproporcionada; también se les ascendía sin tener en cuenta ni experiencia ni antigüedad. Enron era un sistema basado en empleados estrellas. Como en el Real Madrid, eran los empleados “galácticos”. Sus salarios y beneficios parecían no tener techo. Como Lay le dijo a Richard Foster- otro socio de McKinsey que escribió en 2001 un libro titulado Creative Destruction, en el que elogiaba a Enron- “reclutamos a personas muy inteligentes y las pagamos más de lo que creen merecer”.

Enron se convirtió en el ejemplo perfecto de la nueva verdad: la Gestión del talento y McKinsey su profeta.

En el mismo año del libro de profético titulo de Foster estallaba el escándalo Enron. Sus dos principales directivos -Skilling y Lay- eran enjuiciados y condenados, el vicepresidente financiero Clifford Baxter se suicidaba y las salpicaduras de sobornos, cohechos, conspiración, falsedad documental, estafa a los accionistas… llevaron al gobierno americano a legislar en lo que se ha conocido como la Sabarnes-Oxley Act o Acta de Reforma de la Contabilidad Pública de Empresas y de Protección al Inversionista. Caramba con el talento.

El escándalo Enron se llevó por delante a otra de las grandes de la consultoría: Arthur Andersen, que auditaba las cuentas de Enron. La única que se ha salvado del desastre ha sido la autora intelectual del estilo de Enron y que fue su “cazatalentos” por excelencia: McKinsey. Eso sí que es talento.

Al final el “talento” de Enron era una sencilla estafa continuada. Para eso también hace falta talento, pero no creo que eso sea lo deseable por nadie, ni lo que haya que encumbrar… y sin embargo, durante años los consultores pusieron como ejemplo a Enron de que sus éxitos estaban basados en su “eficaz” gestión del talento. Todavía ninguna consultoría ni ningún -mal llamado-, “gurú” se ha excusado por sus afirmaciones de que “el talento lo era todo” y quien no se embarcaba en los programas –nunca baratos- que proponían eran unos dinosaurios de la gestión, cuyo fin lógico era extinguirse.

Según el método propugnado por McKinsey a los empleados con talento hay que encumbrarlos más allá de cualquier otro nivel; lo que llamaban: “diferenciación y afirmación”. Para ello se establecía un sistema de evaluación muy simple basado en grupos A, B o C. Los A son las estrellas, los B deben mejorar y los C tiene sus días contados en la compañía.

Los sistemas para tener empleados A era buscarlos entre los mejores de las universidades, reclutar a los más brillantes, con el cociente intelectual (CI) más alto. Y como se da por sentado que el talento es un bien escaso y la empresa que quiere ser la mejor debe reunir todo el posible entre sus filas, no es escatimaba en las formas de conseguirlo ni en las de retenerlo. Ni externa, ni internamente. Así, según los autores de La guerra por el talento “Hay que hacer todo lo posible para que (los empleados con talento) estén contentos e implicados, incluso alegres. Hay que descubrir lo que más les gusta hacer y encauzar en esa dirección sus carreras y responsabilidades. Solucionar cualquier asunto que les lleve a abandonar la empresa como - por ejemplo - un jefe que los frustra o exigencias de viajes que los agotan”.

Enron era el paraíso para los “talento”. Tenían la posibilidad de actuar con absoluta libertad para participar en proyectos o crearlos desde cero, mucho más allá de lo que era admisible en la mítica 3M. Los estudiantes con un brillante historial académico tenían asegurada una plaza; y una vez dentro podían elegir su proyecto y si este les aburría pasar a otro, o ser seleccionado por otro departamento si en el que estaba no se encontraba todo lo a gusto que quería.

Con este método de rotación interna -llegó al 20 %-, de “guerra intra-empresa por el talento”, ¿cómo se podía evaluar a alguien si no había estado el suficiente tiempo en un puesto o proyecto como para tener un mínimo de perspectiva de su rendimiento? En muchas ocasiones lo que parecía que era talento: era, simplemente, saber venderse. La evaluación del rendimiento se hizo imposible -ya que muchos de los considerados como brillantes no permanecían en el mismo puesto el tiempo suficiente como para ser evaluados-, se confundió con la evaluación de potencial y ésta con el currículum académico.

Se razonó que el que tenía un buen expediente en la universidad era alguien con talento y el talento era la condición sine qua non para el éxito empresarial. Por supuesto nunca McKinsey lo explicitó así; pero ese era el resultado de su planteamiento y lo que de él se derivaba: sólo los más inteligentes son los mejores: selecciónalos. Y asombra ese planteamiento, pues el libro de Goleman La Inteligencia emocional era de 1995 –aunque el constructo y sus implicaciones era de 1987-, y los consultores de McKinsey debieran haberlo conocido.

El caso es que los directivos de Enron entraron en una competición suicida por quitarse unos a otros los que creían que eran los mejores. Cualquier directivo podía dirigirse a un empleado “brillante” y proponerle irse a su departamento a coordinar un nuevo proyecto, con un ascenso y más salario. Esa práctica pirata llevaba a tener constantemente puestos sin cubrir o cubiertos temporalmente, con lo que los trabajos se resentían, los plazos no se cumplían y los costes se disparaban. Pero luego estaba la “contabilidad creativa” para tapar el desastre.

Y el desastre no era un criterio evaluable según se desprendía de la filosofía que animaba a La guerra por el talento, pues si fracasabas –algo que es perfectamente legítimo- se te daba otra oportunidad, pero, caramba, no al precio que lo hacía Enron. Que fracases en algo es una de las posibilidades de cualquier proyecto, pero en la filosofía del “talento” parece que éste y éxito en la realidad no importan. Si tienes talento, vuelve a intentarlo, una… y otra… y otra vez… hasta que llegues al éxito. Muy motivador, pero cuando nos jugamos millones de los accionistas hay que ser un poco más cauto en dar barra libre a cualquier tipo de proyecto, por muy brillante que nos parezca el empleado.

Una cosa es que hagas una afirmación tan errónea como la que Gates hizo en 1981 y encabeza este artículo, y otra que no consigas un rendimiento medianamente aceptable, como le pasó a Lou Pai, uno de los jóvenes con talento de Harvard y responsable del mercado de energía de Enron, que perdió millones de dólares vendiendo electricidad a clientes finales en mercados recientemente liberalizados. Y todo porque en los estados que abrieron sus mercados a la competencia seguían vigentes normas que daban ventajas a las compañías eléctricas locales. Como era un chico con talento, tanto que cargaba a las cuentas de Enron sus gastos en bailarinas de striptease, no se le ocurrió estudiar mejor la normativa legal antes de embarcarse en ese negocio. Vio una posibilidad de negocio, y, espoleado por la cultura del éxito rápido de Enron, se lanzó de cabeza a ello. Tanto talento para unas cosas y tan poco para otras.

El mito del talento presupone que las personas inteligentes hacen eficaces a las organizaciones. Y sin embargo, la experiencia demuestra que, a menudo, es al revés. Por supuesto los incompetentes no crean organizaciones eficaces, pero organizaciones eficaces sí crean situaciones en que personas ordinarias logran resultados extraordinarios.

En una cultura que premia a la individualidad y el logro personal, los resultados brillantes del individuo son el ejemplo del éxito en todos los ámbitos. Pero una empresa no es la suma de éxitos individuales, sino la acumulación –algunas veces imperceptibles- de los esfuerzos de muchos. Las reglas que rigen para el éxito personal no sirven para el del equipo. Y en muchos casos son contraproducentes para el conjunto. Los fichajes estrellas son uno de los cánceres de muchas organizaciones.

La sinfonía de la filarmónica no se consigue sólo por la brillantez del primer violín, ni por la del pianista, sino por la conjunción de todos ellos.

Eso es algo que cualquier director de orquesta sabe, pero que algunos CEO olvidan con demasiada frecuencia. Presos de la urgencia por el triunfo empresarial, sufriendo por la próximo informe de resultados trimestral, por la siguiente junta de accionistas… olvidan que una empresa es un proyecto a largo plazo… que no se trata de ganar al sprint, sino de mantener un ritmo que permita acabar la maratón.